Una noche perfecta en defensa, un trabajo coral y una pizca de suerte acompañaron a los vigueses
02 nov 2014 . Actualizado a las 16:47 h.La historia se escribe con ilusión, y en eso al Celta pocos le ganan. Viajó al Camp Nou sin complejos, «imaginando» -como suele decir Berizzo- que plantaba cara al líder, que aguantaba sus embestidas, que defendía con solvencia y que atacaba con criterio cuando el balón caía en su poder. Y todo eso, todo lo que imaginó, lo puso en práctica adobado con una dosis de sufrimiento que solo los humildes transpiran, y por un manto de fortuna imprescindible para ganar a los grandes. Fue una «campanada» coral que alimenta el sueño de una temporada grande.
La portería
El «Gato» volvió a arañar
Ni una sola duda, un único balón mal entregado y mil paradas acertadas y milagrosas. Así fue el estreno de Sergio Álvarez en el Camp Nou. Se sacó de la chistera uno de esos partidos memorables para mantener la vida de su equipo cada vez que el multimillonario ataque del Barcelona avanzaba metros. Como si estuviese jugando en el patio de su colegio de Catoira, el Gato no trastabilló y frustró una y otra vez a Neymar, Messi y Suárez. Como es habitual en el Camp Nou, solo una portería quedó a ceros, pero esta vez no fue la de Claudio Bravo.
La defensa
Una noche perfecta
Frenar al Barcelona exige trabajo a destajo, criterio, buena colocación, muchas ayudas y una pizca de fortuna. Y de todo ello hizo gala la defensa que Berizzo planteó ayer ante el Barcelona. Los cuatro hombres de la zaga, entre los que Radoja se incrustaba cuando era preciso, presumieron de anticipación para detener una y otra vez las embestidas barcelonistas. La defensa céltica exudó solidaridad, despejó balones sin titubeos y no se desesperó ante la constante presencia de los de Luis Enrique en su zona. Con un Sergi Gómez magistral en su vuelta a casa, con Cabral aportando veteranía y con los canteranos Hugo Mallo y Jonny siendo la sombra de Neymar y Luis Suárez, la fórmula de Berizzo dio sus frutos con los vigueses ganando casi todos sus duelos individuales. Fue un trabajo defensivo coral regado por la solidaridad de un equipo que se ha acostumbrado a defender con once e imprimiendo una intensidad solo apta para los valientes. Las 29 faltas a las que recurrió el equipo dio muestras de que no fueron a Barcelona a pasear.
El centro del campo
Incomodar al Barcelona .
Discutir la posesión al Barça es casi imposible, por eso Berizzo prefirió calidad y no cantidad. El Celta, que en el primer acto presumió de orden táctico, solo tuvo el balón durante el 33 % del partido, pero se encargó de que cuando los de Luis Enrique lo tenían, se sintieran incómodos. El fútbol fluido y de memoria que intenta practicar el cuadro culé se quedó en el vestuario. El centro del campo blaugrana se anuló y el choque desembocó en un monólogo ofensivo en el que el Celta amargaba una y otra vez el último pase de los de Luis Enrique. Los célticos fueron desmontando poco a poco el fútbol de un Barça cada vez más incómodo e impreciso hasta desnudar las miserias de un equipo con un presupuesto casi 17 veces mayor.
El ataque
Aprovechar
El Celta, más acostumbrado a morder que a resguardar, supo manejarse en Barcelona. Nolito, al que le pesó el escenario en el arranque, se destapó con un taconazo milagroso para que Larrivey demostrase que sabe marcar más allá del Camp Nou, y Charles, con dos ocasiones cantadas, pudo sentenciar, pero el travesaño prefirió conservar la emoción hasta el final. Una emoción y presión con la que el Celta supo manejarse de principio a fin. Los vigueses se encargaron de poner el trabajo y la fortuna, imprescindible en noches como la de ayer, hizo el resto.