John Guidetti con un golazo y Pablo Hernández con un doblete, protagonistas en el Calderón
28 ene 2016 . Actualizado a las 13:13 h.Los grandes futbolistas aparecen en los momentos importantes. Y John Guidetti, Pedro Pablo Hernández y Fabián Orellana demostraron que entran en esa categoría. La victoria en el Vicente Calderón se forjó en el intenso y enorme trabajo coral ideado por Berizzo y ejecutado por el grupo, pero también fue fruto de las aportaciones individuales de los tres jugadores, que marcaron las diferencias para conducir a su equipo a la semifinal de Copa.
El 2016 ha traído a Berizzo como regalo un par de fichajes y el florecimiento del fútbol de John Guidetti. El internacional sueco se ha destapado en el mes de enero como un atacante brutal que ha interiorizado la idiosincrasia de esfuerzo y presión del Celta y que es capaz de combinar potencia con calidad. Fue uno de los nombres propios del partido de ida, y ayer en el Calderón llenó su currículo de decisiones acertadas, trabajo e intensidad.
Y como premio a su esfuerzo, en el minuto 56 protagonizó un gol de ensueño. Radoja recuperó un balón en el medio campo, el sueco lo condujo en dirección a la meta de Moyá al galope, y a más de treinta metros ejecutó un tiro enfurecido con la derecha que acabó en el fondo de la red. Un golazo con mayúsculas para un delantero que ya comienza a argumentar con hechos el porqué de su fichaje.
«Estoy contento, ha sido un día increíble», resumía el céltico tras el pitido final en el Calderón. «El gol ha estado muy bien, pero lo ha estado todo en general, los jugadores, el míster, muy bien todo el club», afirmaba el sueco, que también elogió los «dos golazos» de su compañero. «Trabajo mucho en A Madroa y aunque en la primera parte de la temporada no jugué mucho, voy a seguir trabajando más, me gusta».
Guidetti sabe desde ayer lo que es marcar goles importantes y en el Calderón, algo de lo que entiende Pablo Hernández. El internacional con Chile se ha convertido en la particular bestia negra del Celta ante el Atlético, puesto que fue ante los del Cholo cuando ejecutó la obra maestra del gol de tacón la pasada temporada, y ayer se encargó de mostrar a los atléticos lo que se siente al encajar de estrategia y de cabeza.
Sobre el césped del Calderón el argentino se hizo grande desde el principio. Le tocó ejercer de mediapunta y aunque en el arranque le costó, por la elevada presión colchonera, se encargó de desbaratar los planes del Cholo al cabecear entre los centrales y a la perfección el balón puesto por Orellana. El balón parado, que tantas alegrías acostumbra a dar al Atlético, les penalizaba sobre manera. Tomaban de su propia medicina.
El gol de Tucu cambió el devenir del partido del Celta. Por adelantar a los vigueses y obligar así al rival a marcar un gol más, por incrementar la confianza visitante y también porque a partir de ese momento los de Berizzo pusieron el partido donde querían. Asumieron el balón y por medio del esférico se fueron haciendo con el billete para la semifinal.
Partidos como el de ayer, en el que el Tucu estuvo más que nunca a la altura de las circunstancias, avalan a un futbolista que ya ha dado carpetazo de manera definitiva a las dudas existentes entre algún sector del celtismo. El internacional se ha ganado a pulso la titularidad y con su doblete en Copa devuelve también a Berizzo la confianza que siempre depositó en el jugador de Tucumán. El mismo que, en Anoeta, con todo en contra, recuperó dos puntos para su equipo.