El Celta aspira a tener más control

Frente al fútbol vertiginoso y a veces descosido de la era Berizzo, Unzué apuesta por atar los duelos

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vigo / la voz

Cada entrenador tiene una manera de entender el fútbol. Eduardo Berizzo comprende el juego desde la intensidad más absoluta, el marcaje al hombre y el derroche físico, mientras Juan Carlos Unzué prefiere defensas zonales, equipos más posicionales y en general, más control, un concepto que se perfila como uno de los grandes cambios que experimentará el nuevo Celta respecto a la era del Toto.

El técnico argentino, partiendo de la pizarra, apostaba en muchos momentos por partidos muy descosidos, vistosos para el espectador pero terribles para el banquillo, que parecen estar muy lejos de lo que Unzué quiere para su equipo. «Dependerá mucho de cada partido y del rival, pero la intención posiblemente sea controlar un poco más cada situación y cada encuentro; desde el dominio del balón, intentar llevar nosotros el ritmo de partido», describía ayer Andreu Fontás. El catalán trabajó a las órdenes de Luis Enrique y Unzué hace cuatro años y durante las últimas tres campañas siguió las instrucciones de Berizzo. Con ambos entrenadores ha vivido un modelo en el que se apuesta por la posesión del balón, pero co matices muy diferentes.

El fútbol con el que Berizzo vistió a su Celta fue evolucionando paulatinamente y volviéndose cada vez más vertiginoso, quizás también por el tipo de futbolistas que tenía a mano. Aunque por momentos el equipo partía de propuestas más encorsetadas, su tendencia era a descoserse, acumular hombres en los últimos metros y guiarse por una cierta anarquía precocinada. Fútbol de memoria a tumba abierta.

Quizás la versión más temeraria del Celta se pudo ver en la Europa League cuando la situación lo exigió. En el partido de vuelta frente al Shakhtar el Toto acabó acumulando atacantes en los últimos metros en una apuesta exitosa. Algo similar pasó en Old Trafford, con el equipo prestándose a un partido descosido con desenlace triste para el celtismo. Pero incluso en contiendas de menor trascendencia se podía ver a ese Celta insolente y caradura que no temía el descontrol. Partidos descosidos en los que emergía el desequilibrio de Aspas, de Guidetti o de Sisto.

El cambio de rol

El giro futbolístico de Unzué apunta a duelos más gobernados. «Queremos tener el balón, ser protagonistas, intentar llevar siempre la iniciativa del juego, ser un equipo muy ofensivo, pero igual desde una forma un poco más ordenada, más organizada por los posicionamientos más marcados», describe Fontás. Un Celta más estructurado que se cimienta en una defensa en zona que ya de por sí apunta a partidos más cuadriculados, un centro del campo de mucho control y pase, y una vanguardia en la que extremos e interiores colaboren de forma organizada. Al menos, en la teoría.

«No se pueden afrontar todos los partidos de igual forma, ni con el mismo sistema, cuantas más variedades de juego tenga el equipo, mejor. Habrá partidos que convendrán más transiciones rápidas, intentar recuperar y salir rápido al contraataque y habrá otros en los que podremos tener más la posesión y sentirnos cómodos, y según nos interese, según el rival al que nos enfrentemos, variar esas diferentes versiones de un mismo equipo», argumenta Andreu Fontás.

El catalán, en calidad de defensa, reconoce que prefiere los partidos más cerrados. «Igual un delantero diría que prefiere un partido un pelín más loco y más abierto, pero yo y mis compañeros [de defensa], preferimos partidos más controlados». En todo caso, añade, la clave está en ser uno mismo el que controla lo que sucede sobre el terreno de juego.

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