Acto de devoción celeste en Balaídos

LA VOZ VIGO

GRADA DE RÍO

XOÁN CARLOS GIL

Más de 3.000 aficionados arroparon al Celta antes de visitar al Barcelona

18 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Las diez de la mañana de un Jueve Santos festivo. Aún no se habían puesto las calles en Vigo y la cola para acceder al entrenamiento abierto del Celta en Balaídos, a dos días vista de visitar al Barcelona, ya ocupaba una dimensión muy considerable. Algunos niños aprovecharon para dar patadas al balón mientras sus padres o acompañantes esperaban turno y las camisetas y bufandas celestes asomaban por todas partes. Los más impacientes entre los de corta edad preguntaban que cuánto faltaba. Finalmente, se pudo entrar algo antes de lo previsto, y ahí se deshicieron algunas colas, porque muchos de los presentes echaron a correr para tomar asiento.

Finalmente, fueron más de 3.000 los celtistas lo que dieron cita en las gradas de Tribuna y Marcador para asistir a un entrenamiento que duró poco más de 50 minutos. Porque a las 11.10 horas hicieron acto de presencia en el césped, ya acondicionado, Claudio Giráldez y toda la plantilla celeste, incluidos los lesionados Carl Starfelt y Jones El-Abdellaoui, que hicieron carrera continua y tocaron un poco de balón, pero que enseguida abandonaron el rectángulo de juego. Jailson comenzó con el grupo, pero a los 10 minutos se convirtió en un espectador de excepción sentado en el medio del campo sobre una nevera, al más puro estilo Bielsa.

Ejercicios de activación, con la mano como hilo conductor del balón, los típicos rondos, un partidillo a campo reducido y acciones de centros y remates compusieron el menú de una sesión en la que estuvo presente la presidenta, Marián Mouriño, con parte de la cúpula ejecutiva y directiva del club. Borja Iglesias, que fue el goleador de la mañana, fue uno de los más vitoreados, conjuntamente con el ídolo Iago Aspas.

Concluido el entrenamiento, fue el momento de las firmas, y los célticos se armaron de paciencia para atender a todos los aficionados posibles. Pero, sobre todo, el más reclamado siempre, Iago Aspas, que no paraba de echarse carreras hacia el banquillo para coger más tarjetas cada vez que se le terminaban. Tampoco faltaron los balones firmados lanzados a la grada ni las fotos, para las que todos pusieron sus mejores sonrisas.