JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal La Administración Bush tiene puesta su mirada en alturas estratosféricas. No sólo contempla los dominios que pueblan los satélites como el marco de referencia para su polémico paraguas nuclear. También parece entender que las guerras que estén por venir se ganarán, o se perderán, en el espacio. Estas ambiciones, propias en otro tiempo de la ciencia ficción, fueron expuestas ayer en el Pentágono por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, uno de los halcones del Gobierno. Éste presentó su propuesta de reestructurar todos los programas espaciales militares, destacando su importancia en las estrategias futuras. Estados Unidos es ya el país que más se apoya en su sistema de satélites para sus maniobras de defensa. El Pentágono los utiliza para comunicaciones, vigilancia, navegación, orientación de misiles y aviones hacia objetivos, o para seguir las evoluciones atmosféricas. Pero Rumsfeld quiere ir más allá. Desea integrar los sistemas para desarrollar fórmulas basadas en el espacio. El presupuesto de I+D El primer paso que sugirió será unificar bajo el mando de la Fuerza Aérea los distintos programas ya en marcha, y aumentar el presupuesto dedicado al I+D de armas y nuevas tecnologías. Actualmente estos programas reciben sólo unos 8.000 millones de dólares (1,4 billones de pesetas) de los 310.000 millones asignados al Pentágono. Pero ese dinero se distribuye entre distintas agencias y departamentos que ahora quiere integrar. La iniciativa será liderada por un general de cuatro estrellas cuya misión consistirá en dirigir las operaciones de la Fuerza Aérea dentro del Comando Espacial. Rumsfeld ya se manifestó en el pasado partidario de crear complejos y futuristas sistemas de armas, como proyectores de láser capaces de derribar misiles enemigos en vuelo y satélites para destruir otros satélites. Su plan incluye crear un avión espacial para espionaje y transporte rápido de armas.