Familias afganas venden a sus hijas para sobrevivir
30 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.KHALED Mansour apenas tiene palabras para describir la situación en el interior de Afganistán. «Muy, muy desesperada», afirma con rotundidad. Según el portavoz del PMA, por encima de los refugiados, «la mayor preocupación es la situación dentro de Afganistán». «La gente está comiendo hierbas, cualquier cosa que puedan llevarse a la boca. Algunas familias incluso venden a las hijas, de hasta nueve años, para que pueda sobrevivir el resto», añade desolado. La ONU no para de recordar que ocho millones de personas en el interior de Afganistán precisan de ayuda humanitaria para sobrevivir al duro invierno que se avecina. Todas las ayudas son pocas. A la proximidad del invierno se añade la dificultad de que los trabajadores de las organizaciones humanitarias están fuera de territorio afgano y sólo cuentan con trabajadores locales que son presas mucho más fáciles para los bandos en conflicto o para las bandas de asaltadores que actúan en algunas zonas. El PMA envió ayer un cargamento de doscientas toneladas de trigo para Kabul y para la ciudad de Herat, donde la escasez de alimentos es alarmante. El envío se ha negociado con el régimen talibán, ya que va a zonas bajo su control. «Nosotros queremos dejar claro que se trata de ayuda para la gente que lo necesita, no para los combatientes ni para ninguna de las facciones en conflicto», afirma Mansour. Pero nadie puede garantizar que los cargamentos de ayuda no acaben en otras manos. Primer convoy El convoy hacia Kabul es el primero que penetra en territorio afgano desde que comenzó la crisis el pasado 11 de septiembre. Otro cargamento de ayuda humanitaria enviado por Unicef al norte de Afganistán, a la zona controlada por la Alianza del Norte, aún tiene que atravesar una complicada zona montañosa. Pero si las organizaciones tienen en estos momentos muchas dificultades para hacer llegar la ayuda al interior de Afganistán, la situación será más complicada aún si comienza el ataque de Estados Unidos. En un conflicto bélico, la ayuda humanitaria puede ser también un arma o un apetitoso objetivo. Pese a que la preocupación se centra ahora en la situación en el interior, la ONU también está preparándose para el estallido de una guerra y la llegada masiva de refugiados, en su mayoría a Pakistán. El Alto Comisariado de Naciones Unidos para los Refugiados (ACNUR) está trabajando duro para anticiparse. Cuenta con dos centros regionales de coordinación cerca de la frontera con Afganistán, uno en Peshawar (noroeste) y otra en Quetta (provincia de Baluchistán). Campamentos A ambas ciudades ha comenzado a llegar material para el establecimiento de nuevos campos de refugiados. «Se trata de un plan de acción para acoger a la gente. Aunque la frontera está cerrada, ya han comenzado a llegar nuevos refugiados que han logrado pasar por lugares menos vigilados», dice la representante adjunta de ACNUR en Pakistán, la española Montserrat Feixas. Más de un millón de personas podrían llegar a Pakistán si se produce un ataque. Se sumarían a los más de dos millones de refugiados afganos que ya viven en ese país. «Pero la situación es desastrosa desde hace tiempo, es una pena que haya tenido que haber una crisis como la del 11 de septiembre para que el mundo se dé cuenta de esa situación en Afganistán», recrimina Feixas.