El vicepresidente Cheney apunta a Bin Laden como responsable de los ataques con ántrax
INTERNACIONAL
Mientras Bush trata de tranquilizar a los norteamericanos, el FBI alerta sobre nuevos ataques terroristas Pocas veces los estadounidenses habrán recibido tantas invitaciones a la esquizofrenia como las que les han llovido durante los últimos días. Su presidente, George Bush, les insta a retomar la normalidad en sus vidas, y el FBI les golpea con la estremecedora advertencia de inminentes nuevos ataques terroristas.
13 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal La mano derecha del presidente de Estados Unidos ha sido la última voz que se une a la que, en otras circunstancias, se contemplaría como una campaña dolosa destinada a desquiciar a la población. El viernes, pocas horas después de que se confirmara en Nueva York una nueva infección por ántrax, Cheney se ocupó de contradecir públicamente todas las declaraciones previas del FBI. «Sabemos que (Bin Laden) ha intentado adquirir armas de destrucción masiva, armas tanto biológicas como químicas», explicó. Semejante certeza no implica que las haya conseguido. Pero el vicepresidente se ocupó de sembrar la incertidumbre con una amenazadora consideración: «Creo que la única cosa responsable por nuestra parte es proceder sobre la base de que (los casos de ántrax y Bin Laden) puedan estar conectados». Después de todo, observó, las infecciones con esta bacteria son «sospechosas», y el Gobierno tiene pruebas de que los seguidores del líder de Al Qaida han recibido entrenamiento para utilizar armas químicas y biológicas. Paralelamente, funcionarios del Departamento de Defensa filtraban más inquietudes a los medios de comunicación. Puede que Bin Laden no tenga la bacteria del ántrax, dijeron, pero sí se cree que dispone de armas químicas ya utilizadas en la Primera Guerra Mundial. Los confidentes de la prensa hablaron de ciertas formas de cloro y fosgeno. De dos elementos de uso industrial común, menos peligrosos pero que también constituyen una inquietante amenaza. «Son versiones de parvulario de las armas químicas, pero fáciles de conseguir y producir», reflexionó un experto del Centro de Estudios para la No Proliferación, Gary Ackerman. Su falta de sofisticación no impidió que en 1915 las fuerzas alemanas mataran a 5.000 soldados enemigos con gas de cloro. Aunque se necesitaron hasta 160 toneladas. Abundando en sus oscuras advertencias, Cheney recordó: «Tenemos copias de manuales que han sido utilizados (por Al Qaida) para entrenar a gente en el uso y distribución de estas sustancias». Sobre con polvos La cuestión por confirmar es si los terroristas tienen o no algo que ver con la infección de la empleada de la cadena de televisión NBC en Nueva York. El alcalde de la metrópoli, Rudolph Giuliani, reveló ayer que el origen del ataque parece ser un sobre con polvos que Erin OïConnor -tal es el nombre de la víctima- recibió el 18 de septiembre. En principio todas la miradas se habían centrado en otro que el cartero le había entregado siete días más tarde, cuñado en Saint Petesburg (Florida). Es decir, originado en la misma zona en la que se produjo el primer -y mortal- caso de ántrax, y se registraron otros dos positivos pero sin la temida infección. La misiva sospechosa, sin embargo, procedió esta vez de Trenton (Nueva Jersey). OïConnor, que contrajo ántrax cutáneo, evoluciona positivamente tras ser tratada con antibióticos. El sobre iba dirigido al presentador Tom Brokaw, pero la abrió su ayudante. Saint Petersburg es también el origen de otras dos cartas, una enviada al diario The New York Times y que fue franqueada el 5 de octubre, y otra con la misma fecha que se recibió en el Saint Petersburg Times.