Washington lava su imagen

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Los aviones militares de Estados Unidos lanzan sobre suelo afgano octavillas con mensajes amistosos Las bombas sólo se ganan, a lo sumo, los corazones de aquéllos que no son sus destinatarios. Cuando caen en el vecindario, difícilmente son contempladas como motivo de dicha. El Pentágono parece haberse percatado del detalle. A la desigual guerra que mantiene sobre Afganistán ha incorporado una acción muy poco militar, y más propia de una agencia de imagen. La escaramuza publicitaria comenzó el pasado domingo. En lugar de con proyectiles inteligentes, un bombardero B-52 roció a los afganos con octavillas. Su mensaje: el «amigo americano» acude en vuestra ayuda, aunque no lo parezca.

16 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal Desde hace once días, los hombres del Pentágono no han cesado de sacar pecho por la eficacia de sus bombardeos. Para no romper la línea iniciada en Kosovo, han conseguido diseñar una nueva guerra que, al menos en su primera fase, sólo ve bajas en el enemigo. Por eso resultó sorprendente escuchar al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, cuando el lunes rumió: «No hay duda alguna de que tenemos que hacerlo mejor». El halcón por excelencia de George Bush se refería así al pobre trabajo de Washington a la hora de ganarse el corazón de los afganos, y de la generalidad del mundo islámico. Los suministros aéreos de alimentos no han logrado acallar el estruendo de las bombas. Unas veces, las raciones empaquetadas como «un regalo de Estados Unidos» han caído en campos minados. Otras, en manos de soldados o mercaderes. Y los rumores dicen que es comida envenenada. Así que ahora se ha recurrido a las octavillas, unas 385.000. «La coalición de naciones está aquí para ayudar», dicen en inglés y dos dialectos locales, «para ayudar al pueblo de Afganistán».