Kunduz vive una situación de tensa espera, con las tropas de la Alianza del Norte acampadas en los alrededores a la espera de lanzar hoy la ofensiva final y miles de talibanes encerrados en el interior.
22 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.En circunstancias normales, Kunduz, último enclave de los talibanes en el norte de Afganistán, se habría rendido hace ya varios días. Machacada por las bombas estadounidenses, rodeada de tropas de la Alianza del Norte y completamente aislada, la ciudad ha caído en una trampa que, de no mediar un milagro, puede terminar en una auténtica masacre. Los talibanes están locos por entregar las armas y la Alianza del Norte, dispuesta a concederles una amnistía general. Pero la presencia de varios miles de combatientes extranjeros de Al Qaida, desesperados y fuertemente armados, ha hecho fracasar varias veces las negociaciones, a pesar de los anuncios realizados por la Alianza, y secundados por la CNN, de que Kunduz había cambiado ya de manos. El meollo de la cuestión es que ni Estados Unidos ni la Alianza van a permitir la apertura de un corredor para que los extranjeros salgan de Afganistán. Washington no quiere ver sueltos por el mundo a cientos de terroristas más, y los muyahidines acusan a los seguidores de Bin Laden de causar una catástrofe humanitaria. Conscientes de ello, los mercenarios, en su mayoría paquistaníes, están dispuestos a luchar hasta la muerte y, según los testimonios de quienes han conseguido abandonar la ciudad, matan a los que intentan desertar o rendirse. El sitio de Kandahar Respecto a Kandahar, las últimas informaciones vuelven a desmentir al mulá Omar, quien el miércoles hizo saber a través de un portavoz que las conversaciones para rendirse a las tribus pashtunes eran «mentiras y propaganda». Sin embargo, uno de los jefes tribales más influyentes, Hamid Karzai, anunció ayer que los talibanes «desean negociar» y que el propio Mohamed Omar estaba «al corriente».