ESPIRAL DE PROVOCACIONES

La Voz

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MERCEDES LODEIRO PAZ LOS ASIENTOS

05 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Quizás la naturaleza, que es muy sabia, ha evitado que ayer el Ejército hebreo continuase bombardeando Gaza y Cisjordania. Pero el mal tiempo que impide los ataques puede también ser una falsa interpretación de la intención de Israel. Su primer ministro, Ariel Sharon, tiene que luchar con el cáncer de los integristas palestinos. Pero también con la gripe de los laboristas de su Gobierno, encabezados por su ministro de Exteriores, Simón Peres, que siempre dejan la puerta abierta al diálogo y cierran filas con sus archirreiteradas -y poco creíbles- amenazas de dimitir. En cambio, la sangre volvió ayer al corazón de Jerusalén en un ataque similar al perpetrado el día anterior por los soldados en Ramala. Me explico. Israel dejó caer unas bombas -advertencia o intimidación- a escasos metros del líder palestino. Y ayer un kamikaze ofreció su vida muy cerca del ministro de Seguridad Interior israelí y del alcalde de Jerusalén. El efecto de este atentado, en el que no ha muerto ningún judío, es tan espeluznante como los otros, pero quizás beneficia a Yaser Arafat. Yihad Islámica y Hamas demuestran que pueden seguir practicando carnicerías por muchos controles que se establezcan (incluso con aberrantes humillaciones como desnudar a los viajeros) y echarle un pulso a las armas americanas de Sharon. Éste, en actitud claramente provocadora, mira para otro lado y siembra sonrisas en colonías judías en Gaza, donde el día anterior sembró el terror con las bombas.