La rebelión de los bancos

La Voz

INTERNACIONAL

MARCELA VALENTE CRÓNICA Las entidades financieras se niegan a aplicar el plan propuesto por el Gobierno

05 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

OS particulares van a su banco seguros de que se les aceptará pasar a pesos sus deudas en dólares, tal como resuelve el Banco Central, y un empleado que no sonríe como en la publicidad, se niega a aceptar la norma. Se rechazan bonos como forma de pago, se exigen pagos en efectivo o en dólares que no se consiguen, precisamente, por causa de los bancos, se somete a los clientes a esperas infinitas. Las organizaciones de consumidores recomiendan ir con un notario al banco para dejar constancia de las arbitrariedades, pero ¿quién puede pagar los honorarios profesionales en estos momentos? Más práctico es comenzar a gritar, amenazar en busca del apoyo del resto de los enojados clientes que suelen sumarse a las protestas con aplausos e insultos. La tensión en las oficinas bancarias es enorme. Divorcio traumático El divorcio traumático entre los argentinos y los bancos se precipitó a finales de noviembre, cuando el Gobierno de Fernando de la Rúa ordenó durante un fin de semana prohibir la retirada de depósitos para evitar que las entidades queden vacías. La puja se recalienta desde entonces a medida que pasan los días. La medida de impedir la salida de dinero, ideada por el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, incluyó el «goteo» de extracciones. Solo 250 pesos (por entonces igual a dólares) podían ser retirados en efectivo cada semana. El resto, con tarjeta de crédito o cheques -que la mayoría de los argentinos no tienen-. La caída del breve gobierno de Adolfo Rodriguez Saá estuvo precedida de un día de furia en los bancos, con filas interminables de pensionados que esperaban infructuosamente para cobrar sus haberes. Muchos se desmayaron bajo una temperatura superior a los 30 grados. A la noche, el calor social aumentó y se produjo un cacerolada que volteó al Gobierno ese mismo fin de semana. El flamante gobierno de Eduardo Duhalde propuso que los bancos devuelvan el dinero depositado en un plazo que comenzaría en 180 días para los montos menores a 10.000 dólares. Esta idea -que todavía debe pasar la prueba de fuego de las cacerolas-, no es la que más enoja a los bancos. Amenazas de cierre Lo que verdaderamente les enloquece es la decisión del gobierno de pasar a pesos todas las deudas menores a 100.000 dólares, sean de particulares que tomaron créditos hipotecarios, sean de pequeñas empresas o de los usuarios de tarjetas de créditos. Esa simple determinación, que alivia un poco a los castigados usuarios, desató la ira de los bancos. Dicen que el costo sería de 15.000 millones de dólares en sus patrimonios y, como aseguran estar casi fundidos, amenazan con el cierre. Preteden que el estado se haga cargo de la pesificación de deudas de pequeñas empresas, y se niegan además rotundamente a aceptar la desdolarización de las tarifas de servicios públicos, pero no por solidaridad con las empresas privatizadas, sino porque esas compañías son fuertes deudoras del sistema.