En medio de crecientes protestas de todo tipo, el presidente argentino, Eduardo Duhalde, recibió ayer un informe sobre el compromiso de todos los sectores de dejar de lado sus intereses para concertar una salida a la grave crisis del país. Duhalde recibió un balance «muy positivo» del resultado de los dos primeros días de trabajo de la «mesa del diálogo», que coordina la Iglesia con apoyo de la ONU, dijo el portavoz de esas conversaciones, José Ignacio López. «Lo más importante de este informe es la voluntad de cambio de mentalidad que han expresado todos los sectores y su decisión de contribuir y participar en busca de la paz social», subrayó. Incidió en que en partidos políticos, asociaciones empresariales, sindicatos y otros sectores que asisten al diálogo «hay voluntad para revisar antiguas conductas» en favor del interés general. «La voluntad de cambiar es el requisito básico para salir adelante» y «todos consideran prioritario alcanzar la paz social», apuntó. José Ignacio López, quien fue portavoz del Gobierno con Raúl Alfonsín (1983-1989) destacó que la Iglesia y las organizaciones humanitarias han puesto a disposición «toda su estructura y experiencia» en materia de asistencia social. Dijo que en los próximos días, la «mesa del diálogo» comenzará a debatir las «cuestiones de fondo», en alusión a las reformas políticas y económicas que reclama la población. Eduardo Duhalde ratificó que su prioridad es atender a los pobres y terminar con «el maldito corralito financiero». «La crisis social es la principal bomba que ha quedado funcionando, pero no va a estallar», aseguró. «Sé que la gente está muy enojada, pero le pido paciencia y ayuda», subrayó. En este sentido, anunció que en quince días pondrá en marcha un subsidio para cerca de un millón de familias sin ingresos y que a fin de mes «se girarán a las provincias los fondos para un plan de emergencia alimentaria».