ARANTZA ARÓSTEGUI DESDE LA MURALLA
18 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Mary Robinson se reconoce una mujer incómoda en su papel al frente de la Alta Comisaría de la ONU para los Derechos Humanos. Cuando Kofi Annan le nombró para el cargo, le dijo: «Siga siendo una persona independiente dentro de Naciones Unidas». Y Robinson lo ha cumplido al pie de la letra. Sólo desde esta perspectiva puede entenderse que Mary Robinson, abandonando la hueca verborrea que emplean muchos altos funcionarios de la organización internacional, no se haya mordido jamás la lengua en el desempeño de su misión y haya denunciado sin remilgos a quienes no cumplían con los derechos humanos. Así, no tuvo reparos en señalar a Rusia por los atropellos cometidos en Chechenia; en criticar con dureza a Israel por los abusos contra los palestinos, la detención de Arafat y la ocupación de los territorios (también denostó las acciones palestinas contra los israelíes); ni tampoco se mordió la lengua con Estados Unidos, sobre todo tras el 11-S, por los abusos cometidos en aras de la lucha antiterrorista (las detenciones sin cargos en EE UU, la situación irregular de los prisioneros de Guantánamo, el uso de la fuerza en Afganistán...) Y claro, poner en entredicho a Estados Unidos, Israel y Rusia es una actitud demasiado osada, que Mary Robinson ha terminado pagando. Las presiones, dicen, han sido tremendas. Esta irlandesa sólida, valiente y firme dejará el cargo, pero a buen seguro continuará su misión.