Rezos por la paz

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RAQUEL TORRES EN DIRECTO Un franciscano de Vila de Cruces narra su vida en Tierra Santa

10 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

ACE tiempo que Delfín Fernández se dedica poco más que a rezar por la llegada de una paz que cada vez ve más lejana. Este misionero franciscano natural de Bodaño (Vila de Cruces) que se trasladó a Israel hace más de medio siglo, vive recluido en el convento de San Salvador, a ocho kilométros de uno de los principales focos de tensión del conflicto, la basílica de la Natividad. El lunes, un enorme estampido interrumpió su sueño. «Luego me enteré por la televisión de Londres que otro atentado había tenido lugar muy cerca de casa», contaba ayer Delfín, en conversación telefónica. Su situación y la de quienes le rodean, en Jerusalén, no le preocupa tanto como la de sus compañeros de la iglesia franciscana de Santa Catalina, anexa a la basílica de la Natividad y en la que, según cuenta, los guerrilleros palestinos están acabando con las reservas de comida. Las monjas fueron obligadas a hacer de cocineras, pero en la despensa del convento quedan cada vez menos provisiones. «Ya no tienen ni pan ni agua y cuando se les acabe el gas tampoco podrán cocinar», cuenta Delfín que confía en que los soldados no entren en la basílica. «No lo harán, por respeto al santuario y a los religiosos o, quizás, por respeto a la opinión pública», señala el misionero, que ya cuenta 78 años y que, pese a su delicado estado de salud se mantiene todo lo activo que puede. Añade que, en caso de que entren los israelíes «la masacre sería grande y el hecho de producirse en una iglesia, algo inaudito». Delfín fue reparador de órganos en las iglesias de Tierra Santa y prepara un ensayo sobre la historia de este oficio y de los órganos de templos de Siria, Líbano, Chipre, Grecia y Egipto desde 1630. Pero no puede alejarse del conflicto. Sobre todo, continúa rezando «porque si el Señor no lo remedia, esto lleva trazas de ponerse mucho peor», dice. Ayer, y después de una semana sin noticias de su ayudante, que es palestino y vive en Beitgilia, pudo ponerse en contacto con él. Le cuenta que los soldados israelíes estuvieron en su casa, revisándola en busca de armas. También le cuenta que no tiene nada que llevarse a la boca. Son noticias que recibe el padre Delfín por teléfono. De lo demás, se entera por las televisiones internacionales o Internet. A través de la red, se mantiene en contacto con sus familiares de Deza. Les informa de lo que sus compañeros le cuentan, como de la quema del archivo parroquial de 1600 en el incendio en el monasterio de Belén y que se saldó con la muerte, a tiros, de un palestino, cuyo cadáver lleva dos días en la calle. Pese a todo, este misionero no quiere regresar de forma definitiva a Galicia. «Para mí, allí es todo nuevo. No me adaptaría», asegura convencido.