Una cohabitación con espinas

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JACKY NAEGELEN

MERCEDES LODEIRO PAZ CRÓNICA Jospin se despidió de Chirac en el Consejo de Ministros

25 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

L neogaullista Jacques Chirac, que se batirá el 5 de mayo con el ultraderechista Jean-Marie Le Pen por la Presidencia de la República, y el socialista Lionel Jospin se despidieron ayer en tono cordial en el último Consejo de Ministros de una cohabitación con espinas. Jospin, blanco de fotógrafos al salir del Elíseo, sonrió como pudo. Dijo que todo (la reunión) había ido «très bien» y agradeció a Chirac sus «saludos republicanos» al Gobierno de izquierdas. En el fondo, Jospin -el 6 de mayo entregará su carta de dimisión- deja a Chirac preocupado por los acontecimientos pero con una familia numerosa (toda la izquierda lo votará) que le arropará en su carrera hacia el Elíseo. Y si, como se espera, repite, Chirac queda protegido de su pasado judicial (presunta corrupción desde la alcaldía de París para financiar su partido, viajes privados y la compra de su castillo). La revolución (política) francesa ha separado a estos mal avenidos compañeros desde 1997. Pues el jefe del Estado y el primer ministro ni compartían carácter ni ideología. Fueron cinco años de matrimonio en el que la «cohabitación constructiva» tuvo algo más que roces, hasta en plazas internacionales. Los cuatro primeros fueron soportables, pero el último estuvo lleno de maltratos. Las elecciones estaban cerca y Chirac (69 años) y Jospin (64) se lo jugaban todo. En 1997, Jospin recibió la primera bofetada de su rival, quien desde Moscú se quejó del retraso en el proceso de privatizaciones. El primer ministro recordó que el extranjero no es para ventilar cosas de casa. Pero lo olvidó cuando fue a Brasil en 1999 y comentó unos resultados electorales. Jospin llamó «envejecido» a Chirac, lo que le valió que se resucitaran sus problemas de tiroides, que justificarían sus cambios de humor. Los golpes se sucedieron. El peor, en el 2000 cuando Chirac traicionó a Jospin al reclamar en un discurso a la nación la prohibición de las harinas cárnicas contra el mal de las «vacas locas». Jospin le había comunicado antes que estaba estudiando adoptar esa medida.