El Ejército levanta muros para separar a católicos y protestantes en Belfast

MANUEL ALLENDE LONDRES. CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

Un centenar de lealistas atacó a las fuerzas de seguridad a tiros y con cócteles motolov

10 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Los disturbios regresaron a las calles de Belfast la madrugada de ayer cuando un centenar de manifestantes protestantes atacaron a la policía. Un agente resultó con quemaduras en su cara y manos al explotar un cóctel molotov en el interior de su vehículo. Además se realizaron seis disparos contra las fuerzas de seguridad desplegadas en el área de Donegall Pass. Varios individuos con la cara cubierta secuestraron vehículos y les prendieron fuego en medio de las calles. Los clientes de un restaurante tuvieron que huir al ser perseguidos por una multitud de manifestantes, que utilizaron catapultas para lanzar cócteles molotov contra la policía. Para atajar este nuevo y grave estallido de violencia sectaria en Irlanda del Norte, el Ejército británico decidió elevar la altura de los muros que separan a católicos y protestantes en el área de Short Strand, en el este de Belfast, de los actuales 3,50 metros a 7 metros de altura. Los muros de la paz ¿barricadas de acero y ladrillo coronadas por alambre de espino¿ dividen algunas calles de Belfast: a un lado, las viviendas de las familias protestantes y al otro, las de las católicas. Estos muros fueron levantados hace 30 años, cuando comenzaron los duros enfrentamientos. Para tratar de este nuevo brote de violencia, el líder del Sinn Féin, Gerry Adams, y su número dos, Martin McGuinness, visitaron ayer al primer pimnistro británico, Tony Blair, en Downing Street. A la salida de la reunión, que duró una hora, Adams indicó que no hay pruebas para asegurar que los disturbios han sido organizados por el IRA. En su opinión «se trata de una crisis en el unionismo que se manifiesta en ataques sectarios contra las comunidades nacionalistas más vulnerables». Por otro lado, la policía del Ulster informó ayer de la muerte del dirigente lealista Mark Fulton en la prisión de Maghberry, que atribuyó a un suicidio.