El mando de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), el despliegue internacional establecido para devolver la estabilidad a Kabul, ha cambiado de manos. Ayer, bajo la atenta mirada del recién inaugurado presidente afgano, Hamid Karzai, se celebró formalmente la transferencia de poderes, de Gran Bretaña a Turquía. Con lo que serán los uniformados de Ankara quienes se ocupen de dirigir la fuerza internacional, de aproximadamente 4.000 soldados, en la que participan 19 países. En la ISAF están integrados unos 400 efectivos que aporta España. No es casualidad que el mando haya ido a parar a manos turcas. Estados Unidos apostó e impulsó esta opción ávido de demostrar que en su guerra contra el terrorismo también cuenta con aliados que comulgan con el islam. Turquía, concretamente, es el único miembro de la OTAN en el que impera la religión de Mahoma. Ankara, por su parte, ha aprovechado la ocasión para intentar convencer a sus socios occidentales de que es una potencia con peso específico suficiente en Asia Central. Primer acto oficial El traspaso de poderes fue el primer acto oficial de Karzai, que un día antes fue confirmado por la Loya Jirga (Gran Asamblea) como presidente.