El ataque contra Irak divide a la Administración Bush

Mercedes Gallego NUEVA YORK

INTERNACIONAL

STEPHEN JAFFE | EPA PHOTO

Los militares piden tiempo y un despliegue masivo El sector duro quiere una acción a corto plazo, pero sin implicar a muchos efectivos

01 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Aunque la guerra de Irak lleva meses en la Casa Blanca, los altos cargos del Gobierno de George W. Bush y hasta la cúpula castrense están aún divididos sobre cuándo y cómo acabar con el régimen de Bagdad. Bush ha sido tan claro sobre su objetivo de derrocar a Sadam Husein que no podrá volverse atrás. Cabe una solución diplomática que permita prorrogar la agonía si Sadam acepta la vuelta de los inspectores de la ONU, pero la opción más clara es un ataque militar. Ésta es la que propugnan el vicepresidente, Dick Cheney, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, según reveló ayer el diario The Washington Post . Ambos recuerdan continuamente a Bush el peligro que supone Irak, y le advierten de que el ataque es algo urgente. Ayer, en una audiencia del Comité de Exteriores del Senado, un desertor iraquí aseguró que Bagdad podrá fabricar tres bombas nucleares antes del 2005. En el ala de Gobierno preocupada por el futuro de Irak tras una invasión y del caos que seguirá a la caída de Sadam está el secretario de Estado, Colin Powell. Pero esta vez tiene insólitos aliados en la CIA y hasta en la cúpula militar. Según el Post, la gran mayoría de los generales se oponen a un ataque a corto plazo. El comandante en jefe para la región, el general Tommy Franks, insiste además en contar con una extensa fuerza de apoyo, lo que contradice los deseos de los halcones del Gobierno. Éstos quieren un ataque rápido y quirúrgico que implique un número mínimo de fuerzas.