Los oscuros negocios de los Sharon

C. Tristán SERVICIO ESPECIAL | TEL AVIV

INTERNACIONAL

La prensa israelí está dejando al descubierto las turbias maniobras de Ariel Sharon y Gilat y Omri, sus dos único hijos y estrechos colaboradores en su carrera política

11 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La prensa israelí continúa arrinconando al primer ministro israelí, Ariel Sharon. Ahora, son los negocios bajo sospecha del menor de sus hijos, Gilat Sharon, destapados por el periódico de mayor tirada del país, el Yediot Ajaronot , los que se unen al torrente de informaciones sobre financiaciones ilegales, sobornos, engaño a las autoridades y negocios en entredicho que durante los últimos días se publican diariamente sobre el primer ministro y el mayor de sus hijos, Omri Sharon. Si hasta ahora los escándalos habían salpicado al mayor de los Sharon, ahora es el turno del benjamín , cuya carrera jalonada de turbios negocios parece superar a la de su propio hermano. A diferencia de Omri, de estudios desconocidos, Gilat cursó ingeniería agrónoma siguiendo los pasos de su abuelo, un ruso afincado en Israel en 1922. Parecía destinado a dirigir el rancho familiar que los Sharon poseen en Negev, muy cerca de Gaza, y que con una extensión de unas 600 hectáreas recibe el nombre de un árbol del desierto, Shikmim. Pero poco duró el interés agrícola del joven, y en 1995 se lanzó a los negocios inmobiliarios, supuestamente aprovechando las influencias políticas de su padre, que por entonces era ministro de Alojamiento. Eligió para ello la compañía de un amigo, Eyal Pérez, perteneciente a una importante familia del sector de la construcción. En abril de 1995, ambos consiguieron la recalificación de un suelo industrial, que la familia Pérez poseía en Shderot, para construir en él un centro comercial. Las investigaciones llevadas a cabo por el diario Yediot Ajaronot , verdadero látigo de los Sharon en los últimos años, mostraron una serie de irregularidades en la licitación de los terrenos que les costó una multa de medio millón de shequels , y la modificación de la obra proyectada. Poco tiempo después, el menor de los Sharon se lanzó junto con Eyal a su segunda aventura inmobiliaria de la mano del ex director de la Autoridad de terreno israelí, Miki Vardi y del comerciante de diamantes, Jaim Chizik. Todos ellos compraron un terreno, en pleno centro de Tel Aviv, por 3,75 millones de dólares para construir una torre de viviendas, una planta comercial y un aparcamiento. Pero la lenta burocracia legal, les hace abandonar el proyecto. Era el verano del 97, coincidiendo con una grave crisis del sector, pero a pesar de ello aparece una compañía llamada Racido que compró el terreno pagando 650.000 dólares más de los que pagados Gilat y sus socios, a pesar de que un estudio estimaba que el negocio era poco rentable. Nuevamente, las investigaciones del prestigioso Yediot Ajaronot sacan a la luz la operación y salpica de dudas todo el negocio Cargos y favores Según el diario, el crédito para la compra inicial de Gilat Sharon y sus socios fue tramitado por Berti Brudu, jefe de la unidad de préstamos del banco Discount, quién poco después sería nombrado, gracias a Ariel Sharon, jefe de la Autoridad de Terreno Israelí. Una de las primeras decisiones de Brudu en su nuevo cargo fue recalificar unos terrenos agrícolas en urbanizables, en el que Racido construyó 1.500 viviendas. Después de la investigación periodística, todos quedaron bajo sospecha aunque no se pudo probar la fraudulencia de la operación. En enero del 2002, el mismo diario publica otro caso que pone en entredicho los negocios inmobiliarios de Gilat y el trato de favor que recibe por ser hijo del primer ministro. Concretamente, los que le relacionan con Apel, un miembro poderoso del Likud -el partido de Ariel Sharon- dedicado a los negocios inmobiliarios de gran envergadura. Apel tenía contratado a Gilat como consejero comercial para la venta de unos apartamentos en una isla griega, que jamás llegaron a construirse, con el nada despreciable sueldo de 400.000 dólares. También le tenía prometida una comisión de 1.500 dólares si el joven Sharon conseguía los permisos necesarios para construir varios complejos turísticos en Grecia y España.