Sadam dispone de 48 horas para exiliarse o afrontar la guerra

La Voz

INTERNACIONAL

GUSTAVO FERRARI

Estados Unidos, Gran Bretaña y España renunciaron a presentar ante el Consejo de Seguridad de la ONU una segunda resolución ante la falta de consenso El Gobierno de Bagdad rechaza el ultimátum lanzado por Estados Unidos.

17 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El tiempo para la diplomacia está muerto y apenas quedan horas para que comience la guerra en Irak. Fracasadas las negociaciones para conseguir el apoyo mayoritario del Consejo de Seguridad de la ONU que legitimaría la guerra, al cierre de esta edición el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, tenía previsto comparecer anoche (dos de la madrugada española) en televisión para lanzar el ultimátum definitivo contra el régimen de Bagdad: Sadam Huseín deberá escoger entre el exilio o la guerra. Según distintas fuentes, el plazo serían unas 48 horas. Según palabras del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, la única manera para evitar la intervención militar sería que «Huseín y su corte abandonen inmediatamente el país». «El tiempo de la diplomacia ha pasado. No hay nada que Sadam pueda ya hacer desde ese punto de vista», aseguró en rueda de prensa. Se esperaba que en su discurso, el presidente estadounidense anunciara cuánto tiempo tiene exactamente Sadam -previsiblemente 48 horas- para abandonar su país, aunque apenas se anunció el ultimatum, el régimen de Bagdad se apresuró en rechazar públicamente la oferta, la única que evitaría la guerra. También se esperaba que Bush comunique los planes bélicos y de reconstrucción de Irak en la era post Sadam, además de justificar su decisión de atacar en solitario frente a una opinión pública que, pese a los numerosos críticos, apoya por mayoría al presidente, según los últimos sondeos de la prensa norteamericana. Horas antes, los representantes de Estados Unidos, Gran Bretaña y España notificaban que no someterían a votación del Consejo de Seguridad la segunda resolución, al no haber conseguido los apoyos necesarios para aprobarla. No obstante, en una nueva muestra de la arrogancia con la que Estados Unidos ha actuado frente a los poderes internacionales, Powell afirmó que, en cualquier caso, «se trataba de una resolución que nunca pensamos que fuera realmente necesaria». Acusaciones contra Francia Paradójicamente, Francia, el más ferviente defensor de una solución pacífica, era acusado una vez más por la coalición pro bélica de ser el causante de la guerra. «Los franceses dejaron claro que utilizarían su derecho de veto y por eso hemos tenido que retirar la resolución», afirmó sir Jeremy Greenstock, el embajador ante la ONU de Gran Bretaña. «Nosotros nos reservamos el derecho de tomar otras medidas para garantizar el desarme de Irak», justificando así la intervención militar. Visiblemente molesto por la acusación, su homólogo francés, Jean Marc de la Sabliére, declaró que la postura de su Gobierno refleja la de la mayoría del Consejo, ya que once de los quince países miembros están en contra de recurrir a la fuerza para desarmar Irak. Al no arriesgarse a sufrir una derrota en el Consejo, Estados Unidos puede ahora respaldarse en la resolución 1441, aprobada el pasado noviembre, para declarar la legalidad de la guerra. Tras estas declaraciones, un abrumado y abatido Consejo de Seguridad, en el que aún son mayoritarias las voces que se oponen a la guerra, se reunía para intentar reabrir la última puerta a la diplomacia que Washington, Londres y Madrid decidieron cerrar de un portazo. A la salida del encuentro, Francia, Alemania y Rusia insistieron en que siguen luchando por proponer desarmar al régimen de Sadam por la vía pacífica y de forma rápida en «un intento de evitar el ataque militar en el último minuto», según dijo Günter Player, el embajador alemán ante las Naciones Unidas. «Virtualmente muerta» «No hay ninguna necesidad de romper el proceso de inspección», aseguró Player. Sin embargo, su homólogo norteamericano, John Negroponte, dio pocas esperanzas al respecto defendiendo la alternativa militar y proclamando que «la vía diplomática está virtualmente muerta». A instancias del eje franco-alemán-ruso se convocó para mañana una reunión de emergencia en el Consejo de Seguridad, que podría ser a nivel de ministros de Exteriores, para debatir el programa de trabajo de los inspectores en Irak, en un momento en que muchos de ellos podrían haber sido ya evacuados y cuando las bombas estarían ya apuntando hacía Bagdad. Incluso, ayer por la tarde, el jefe de los inspectores de armas, Hans Blix, presentó un plan de acción con doce pruebas para que el Gobierno iraquí demuestre su compromiso de desarme. Pero el plan se tomaría varios meses, algo que británicos, estadounidenses y españoles ya han rechazado de forma rotunda. Las voces contrarias al ataque se multiplicaron a lo largo de la mañana de ayer desde Moscú, Berlín y París. Pero también el secretario general de la ONU, Kofi Annan, levantó la voz, al advertir de que la legitimidad de un ataque contra Irak quedará «cuestionada» si se produce sin el apoyo del Consejo de Seguridad. Desde Bagdad, el ministro iraquí de Asuntos Exteriores, Nayi Sabri, declaró que «cualquier niño en Irak se da cuenta de que el ultimátum de Bush a Huseín» no es el camino para resolver la crisis.