La contradicción en Estados Unidos es absoluta. Mientras el Departamento de Seguridad Nacional crea listas de viajeros «peligrosos» susceptibles de abordar aviones, el Pentágono vende material científico con el que fabricar armas bacteriológicas. Según un informe obtenido por la televisión ABC y realizado por el General Accounting Office (una oficina del Congreso dedicada a investigar en qué se gastan los fondos públicos), el departamento que dirige Donald Rumsfeld vende equipos viejos que sus científicos ya no utilizan a precios de saldo por Internet y sin hacer preguntas. Según el informe, la GAO creó una sociedad ficticia para comprar el material que figuraba en la web del Pentágono y pudo cursar su pedido sin ningún tipo de problema. «Defensa no trató de descubrir quién adquiriría el equipamiento bacteriológico o cómo estos materiales fueron utilizados», reza el informe. La GAO descubrió también que algunos compradores habían revendido el material a países que EE.UU. tiene en su lista negra como presuntos santuarios de terroristas, como Malasia y Filipinas. Según el estudio, no está claro cuánto material se ha vendido, ya que no ha existido un control sobre las ventas. El alarmante informe además pone al descubierto que los materiales son una auténtica ganga, ya que sus precios son diez veces más baratos de lo que pagó el Pentágono por adquirirlos.