Su guerra desde el exilio

Natalia Junquera REDACCIÓN

INTERNACIONAL

JUAN LÁZARO

Reportaje | Qué opinan los iraquíes que residen en España Abandonaron su país para huir de un régimen que hoy ya no existe. Tres miembros de la comunidad iraquí en España analizan el presente y el futuro de la era post Sadam

01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

«Mi padre pasaba la mayor parte del tiempo en la cárcel, mi abuela fue asesinada por un misil iraquí...». Contemplar por televisión, en riguroso directo y desde el sofá, el bombardeo del edificio institucional de un país muy lejano, por ejemplo Irak, resulta una experiencia cada vez menos novedosa pero siempre impactante. A veces el que observa es alguien que, en el estruendo de las bombas es capaz de recordar el bullicio del día en que ese edificio estuvo repleto de gente. Sucede, algunas veces, que entre el ruido de los bombardeos y las declaraciones de un reportero que relata desde la terraza de un hotel lo que está ocurriendo, un hombre reconoce el país en que nació. Carlos Kurdi, cuyos recuerdos en voz alta empiezan este reportaje, nació en el Kurdistán iraquí hace 43 años. Kurdi no es su verdadero nombre, fue el que adoptó cuando se instaló en España para despistar a los servicios secretos de Sadam. Lo que vio -«Huseín ordenó matar a familias enteras. Torturó y asesinó a su pueblo»-, le hace pensar que «se debería haber intervenido antes... Nadie sabe mejor que nosotros lo horribles que son las guerras. Para mí ha sido una liberación, para mi pueblo, también». No todos los iraquíes piensan como Carlos. Najah Latis Saris reside en España desde hace 18 años. Está separado y es empresario, lleva una fábrica de inyección de plástico en Madrid. Se fue de su país por causas políticas. Pertenecía al Partido Comunista iraquí, por supuesto, clandestino, por supuesto, le perseguían. Tíos y primos suyos siguen en Irak y estaban allí cuando empezó la guerra. «Han sufrido muchísimo y todavía sufren», dice Najah. «Durante la guerra, por los bombardeos. Ahora temen los saqueos, los robos... y hacen turnos durante toda la noche para vigilar la casa». Justificaciones Como antes lo fuera Libertad Duradera o Justicia Infinita, el eslogan de los norteamericanos para publicitar una guerra con demasiados oponentes fue siempre: libertad para el pueblo iraquí. Pero Najah dice que «no hay ninguna guerra justificada. Tampoco la última de los norteamericanos. Estoy totalmente en contra de la dictadura y de todo lo que ha hecho Sadam Huseín, pero había otras vías para derrocar el régimen. Esta guerra ha sido por los intereses de EE.?UU., en concreto, petrolíferos». Samer al Nasir nació en 1976 en Londres, pero vivió en Bagdad hasta 1997, año en que se instaló en España. Ahora está a punto de casarse con una vasca. Para él «fue una guerra justificada y autorizada por el propio pueblo iraquí». Como Najah, Samer tiene familiares en Irak. «Hablé con ellos hace poco y estaban contentos. Falta luz y electricidad, pero están tranquilos y muy agradecidos», asegura. Samer es doctor en Derecho político y dirige Consulting hispano-iraquí , una empresa que creó hace un mes en Madrid para fomentar las relaciones comerciales entre ambos países. A Samer se le nota que le gusta más hablar del futuro que del pasado, aún así, insiste en que para que no haya ningún vínculo con el régimen en el nuevo Irak, «debería hacerse una lista negra con todas las empresas manchadas con sangre iraquí que habían aceptado los sobornos de Sadam». Najah, Samer y Carlos han rehecho sus vidas y sus familias lejos de Irak, pero no han olvidado. En 1985 Carlos se casó con una española. Tres años después contempló horrorizado desde el exilio cómo Sadam exterminaba a su pueblo, 5.000 kurdos, tras un ataque con bombas químicas. Comprende que los peshmergas , los milicianos kurdos, fueran los primeros en ponerse del lado de los marines cuando llegaron a Irak. «Durante 10 años Sadam Huseín pisoteó las leyes internacionales y ocupó dos estados miembros de la ONU: Irán y Kuwait. La intervención estaba justificada desde hace mucho, no sólo por la tenencia de armas de destrucción masiva sino por la aniquilación de los kurdos y del propio pueblo iraquí». desde 1991, Carlos es el delegado del Partido Democrático del Kurdistán en España y Portugal. «Soy más útil aquí», asegura. La resistencia Winston Churchill dijo una vez que «aquellos que ganan una guerra rara vez logran mantener la paz» y un claro ejemplo es Irak. El número de marines muertos tras la toma de Bagdad ya supera a los soldados caídos en la guerra. Huseín ya no gobierna, pero antes de esconderse hizo bien sus deberes. La resistencia iraquí intenta aguar la fiesta arrasando con todo lo que se le pone por delante e imprimiendo día a día un poco más de escepticismo en un pueblo experto en sobrevivir. «Son los mismos de siempre», afirma Samer. «La resistencia de hoy está formada por los que mataban ayer. Sadam les ordenó que de llegar a una situación como la actual tendrían que fomentar el caos como lo están haciendo». La transición iraquí Dice Najah que ahora hay un odio profundo hacia los norteamericanos. «No me fío mucho de ellos y el pueblo iraquí tampoco, estoy seguro. Aunque no deben irse ahora, porque sería el caos». Najah cree que la posguerra será interminable y que se reduciría si capturasen a Sadam Huseín. «Me gustaría que hubiese unas elecciones libres supervisadas por la ONU y que se creara un gobierno capaz de dominar la situación». Para Samer «será una labor muy compleja». Asegura que «en Irak no había rastro de oposición y la que hay ahora está formada por inmigrantes retornados que no saben dónde está Bagdad. No tienen la suficiente formación política. La transición iraquí pasa necesariamente por EE.?UU.». Samer reconoce que «hubiera preferido que pasase por la Unión Europea, que es el vecino. Estamos, jurídicamente al menos, más cerca de los anglosajones que de los norteamericanos» y concluye: «De momento, la marcha de los americanos depende de los iraquíes, de sus fuerzas políticas, que ahora no están preparadas. Lo noto en que hablan mucho de quién va a gobernar, cuando la primera cuestión es cómo». Carlos pide ser realistas. «Nadie interviene militarmente en ningún sitio sin algún interés, y es legítimo. La paz, la libertad y la vida valen mucho más que todo eso. Si los marines se fueran ahora habría una guerra civil. Por otra parte, el futuro nunca había estado en manos de los iraquíes que tienen que levantar la cabeza y aprovechar de una vez por todas este país inmensamente rico».