¿De verdad fue Al Qaida?

Miguel Murado

INTERNACIONAL

REUTERS

Análisis | Dudas sobre las reivindicaciones de Estambul La atribución de los atentados turcos a Bin Laden carece de un fundamento sólido; es más, parece políticamente interesada. Pero no es la primera vez que algo así sucede

22 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

«Un grupo prácticamente desconocido...», decía el locutor de televisión refiriéndose al Frente de los Jinetes del Oriente Islámico (IBDA-C) cuando su reivindicación de los atentados de Estambul golpeó las redacciones de los informativos. ¿Prácticamente desconocido? Quizá para él, pero para los turcos, que son quienes saben de esto, el IBDA-C está muy lejos del anonimato. Ostenta un palmarés de tres décadas de barbaridades como las de esta semana y la pasada (si no en magnitud, sí en intento). Cierto que estos radicales islámicos de extrema izquierda (se declaran trotskistas) se encontraban muy debilitados desde la campaña de arrestos de los 90; pero aún así, el IBDA-C no es tampoco un «minúsculo grupo» y, de hecho, con sus 600 militantes, puede considerársele uno de los mayores grupos terroristas de Europa. ¿Por qué, entonces, se ha ignorado la reivindicación, todo lo dudosa que se quiera, del IBDA-C en favor de una, mucho más discutible, de Al Qaida? Posiblemente, porque se ajusta mejor al guión: al de las agencias de noticias -para las que la política interna turca no tiene tanto interés como el gran drama de la guerra contra el terrorismo- y al de los jugadores en esa partida universal, real o imaginaria -Estados Unidos y los radicales islámicos-. Uno necesita justificar el miedo que les ha metido en el cuerpo a sus ciudadanos, los otros están encantados de inspirar ese miedo. No se puede ser categórico pero, razonablemente, las tragedias de Estambul se explican perfectamente sin necesidad del complot: Turquía es un país de mayoría y gobierno islamista que, sin embargo, se ve obligado por su ejército a alinearse con la OTAN y a mantener una incómoda alianza con Israel. Recientemente, Turquía ha tenido un papel más o menos destacado en la invasión de Irak. Suficiente para el IBDA-C: bombas en sinagogas (Israel) y bombas en intereses británicos (OTAN). Se esperaba, y ha ocurrido. Sin pruebas De hecho, el nombre de Al Qaida no salió a relucir en Turquía sino en Gran Bretaña, donde el ministro de Exteriores Straw avanzó esa teoría sin pruebas. Naturalmente, el Gobierno de Ankara se apresuró a adoptarla con alivio: mucho mejor culpar de lo sucedido a una organización misteriosa y extranjera que a las contradicciones emanadas de su propia política. Su policía, mientras, reconoce que todos los participantes en los atentados eran turcos y que los del segundo atentado ya estaban fichados (presumiblemente, por su pertenencia al IBDA-C). Decir que «estos ataques llevan la marca de Al Qaida», como se ha oído estos días, es no decir nada: no ha habido dos atentados atribuidos a Al Qaida (todos con poca base) que se parezcan. En cuanto a la supuesta reivindicación, ¿es creíble que una organización en teoría tan vasta y compleja asuma una acción tan espectacular con un e-mail a un periódico? ¿No merecería la ocasión un vídeo de Bin Laden (uno asumiendo la autoría, para variar, no uno en el que simplemente se alegre)? Esas Brigadas Abu Hafs al-Masri vinculadas a Al Qaida ¿No son las mismas que se atribuyeron también ataques en Bali, Irak, Indonesia e incluso el apagón de agosto en Estados Unidos? ¿Cómo es que siempre los detenidos pertenecían luego a otras organizaciones (excepto en el caso del apagón, donde no hubo detenidos)? No. Ni siquiera la versión moderada de esta moderna teoría de la conspiración, la de que Al Qaida financia las operaciones sin participar en ellas, se sustenta. Se ha filtrado que los explosivos utilizados en Estambul eran caseros, elaborados a partir de fertilizantes. Aunque muchos de nuestros campesinos piensen que el fertilizante está caro, no parece que el IBDA-C -o quien haya sido- precise de un préstamo de Bin Laden para adquirirlos. En fin, que se va acercando el momento de empezar a revisar todo este asunto de Al Qaida, esta extraña organización que, a pesar de su enorme poder, no comete atentados, y cuyas células, a pesar de «estar por todas partes», nunca son detectadas ni detenidas...