Elecciones de entrenamiento

Miguel Murado

INTERNACIONAL

REGIS DUVIGNAU

La izquierda francesa intenta convertir hoy la segunda vuelta de las elecciones regionales en un referendum contra el Gobierno de Jacques Chirac

27 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Durante toda la campaña, una candidata socialista, Ségolène Royal, ha estado confundiendo la fecha de la primera vuelta de las elecciones regionales (el 21 de marzo) con la de las últimas presidenciales (21 de abril). Y es que quizá haya algo de acto fallido, en la terminología psicoanalítica, en la manera en que la izquierda francesa contempla estos comicios de los que hoy se celebra la segunda vuelta. Las regiones, en Francia, carecen de poder político efectivo. Pero hasta el 2007, cuando lleguen los comicios «de verdad», estas urnas son la única palanca con la que cuentan los socialistas para incomodar al presidente Jacques Chirac y desalojar a su primer ministro Jean-Pierre Raffarin. Y, contra todo pronóstico, les está funcionando, de ahí su importancia. La coalición de izquierdas podría lograr hoy hasta 12 de los 22 gobiernos regionales. Se trataría de un éxito importante para la izquierda, que se convertiría así en una alternativa de gobierno creíble. La interpretación más obvia, y la que se ha abierto paso, es que el Gobierno ha recibido un voto de castigo a su política económica (París es, casi a diario, escenario de manifestaciones de diferentes descontentos). Pero, aunque esto es así en parte, la explicación última estaría más bien en el equilibrio entre partidos, que el sistema electoral francés a dos vueltas distorsiona considerablemente. La clave La clave del éxito de la izquierda ha estado en que en esta ocasión se presenta unida (socialistas, comunistas y verdes), mientras que el bloque de centro-derecha ha llegado a las elecciones enfrentado. Mirando los datos, han sido los centristas del UMF los que han castigado a Chirac (le han quitado un 11%), más que la izquierda, que si ha logrado un ascenso de varios puntos ha sido gracias a la mayor participación (reflejo, al parecer, de lo sucedido en España). Es así como ha conseguido ese 37% que la coloca por delante del UMP de Chirac (33%). Pero en parte tiene que agradecérselo a la existencia del Frente Nacional de Le Pen, cuyo porcentaje (17%) sumado al de Chirac, contradice un poco la teoría del vuelco electoral. Efectivamente, Le Pen ha logrado un buen resultado en la primera vuelta, o mejor lo ha repetido. Aunque no supere los resultados de las presidenciales de hace dos años, la extrema derecha se ha consolidado. Ha conseguido barrer a los disidentes internos (Mégrét) y, más importante para Le Pen, acapara ya el voto populista de protesta, un terreno que se disputaba con la mermada extrema izquierda. El único conflicto que vive ahora el Frente Nacional es el que enfrenta al aparato del partido (dirigido por Bruno Gollnish) y a los jóvenes lobos en torno a Marinne Le Pen (la hija del paracaidista tuerto), una lucha generacional que se ha salda de momento en perjuicio de los chachorros. Ahora, el FN no tiene más que esperar al más que probable estallido del partido de Chirac, donde ya se adivina una lucha feroz. Esa es, de hecho, la mayor incógnita ahora mismo: el cómo afectará el resultado de las regionales al equilibro dentro de la derecha y el Gobierno, si se confirma la bajada del UMP. Se da por segura la caída de Raffarin, pero todos los ojos estarán puestos entonces en Sarkozy, el populista ministro del Interior que no oculta sus ambiciones presidenciales. Atención, porque muchos creen que este gaullista con modos de lepenista podría abrirse paso como «alternativa a la alternativa» socialista y la posible derrota de hoy, paradójicamente, le colocaría en buena posición de salida. Unos y otros tienen margen de maniobra. En principio hasta el 2007.