Kabul vota por Kerry

MIguel Murado

INTERNACIONAL

JASON REED

Se acumulan las dificultades para la celebración de elecciones en septiembre en Afganistán, consideradas por Bush un modelo de las que tendrán lugar en Irak a principios del año que viene

26 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La apertura, la semana pasada en Kabul, de una oficina electoral de apoyo a la campaña de John Kerry, el rival de Bush en las elecciones presidenciales, parecía algo más que una ironía del personal norteamericano en Afganistán. Era la certificación de que el presidente norteamericano no obtendrá grandes réditos electorales de los tres años de ocupación de este país. En concreto, Bush contaba con la celebración de las primeras elecciones democráticas de la historia de Afganistán, previstas para septiembre, como algo tangible que presentar para las suyas en noviembre. Pero lo cierto es que ayer se acumulaban las malas noticias procedentes de Kabul. Particularmente simbólica era la muerte en atentado de tres empleados de las Naciones Unidas que trabajaban precisamente en la elaboración del censo electoral afgano, cerca de Jalalabad. Es la manera que tienen los talibanes de promover el abstencionismo en unas elecciones cuya preparación, en todo caso, no marchaba ya demasiado bien. A estas alturas, se calcula que alrededor de un 75% de los posibles votantes no han podido ser registrados, en particular muchas mujeres y los habitantes del sur y las regiones fronterizas con Pakistán, donde la influencia de los talibanes y los clanes es mayor. Poco antes, la ONU había divulgado un informe en el que se reflejaba el espectacular aumento de la producción de opio en el país, preocupante para la OTAN y Estados Unidos no sólo por lo que tenga de riesgo para la salud pública, sino también porque es una demostración palmaria de que no controlan el territorio. Esto resulta más sangrante todavía cuando se recuerda que en el 2001 los talibanes habían logrado reducir la producción a tan sólo 180 toneladas, mientras que el año pasado el volumen total de la producción se disparó a 3.600. Afganistán vuelve a producir nada menos que dos tercios de todo el opio del planeta, un éxito que no aparecía, al menos en principio, contemplado en los objetivos de la operación Libertad Duradera. Sólo un gesto Y todo ello sucede en vísperas de la conferencia de la OTAN en Estambul, ante la que intervendrá el propio presidente de Afganistán, Hamid Karzai, para pedir más tropas extranjeras. Con toda seguridad, la OTAN se las concederá, pero será un gesto simbólico. Se habla de 1.200 soldados más (la OTAN ya tiene 6.500 en Afganistán). Son pocos, y se desplegarán en las áreas del norte del país, donde hay menos peligro y donde son por tanto menos necesarias. En estas condiciones, las elecciones de septiembre en Afganistán están en el aire.