Sin salida en Gaza ni en Irak

Miguel Murado

INTERNACIONAL

ATEF HASSAN

Análisis | Guerras similares Estados Unidos experimenta en Irak la misma frustación que conoce desde hace tiempo su aliado Israel en la lucha contra la insurgencia palestina

02 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Uno de los puntos en los que no lograban ponerse de acuerdo los asesores de Bush y los de Kerry en la preparación del debate en televisión el jueves pasado era la temperatura a la que debía estar la sala. Finalmente, se llegó a un acuerdo: 21 grados centígrados. Por una casualidad, esa era la temperatura media en Irak ese día. Así, a esa temperatura hablaron los candidatos sobre la marcha de la guerra y a esa temperatura comenzaba, mientras ellos hablaban, la ofensiva contra la resistencia que ayer se había cobrado ya más de un centenar de muertos, la mayoría de ellos en la ciudad de Samarra. Las imágenes que llegaban de Samarra eran casi indistinguibles de las que llevaban al mismo tiempo de la ofensiva israelí contra el campo de refugiados de Yabalia, en la franja de Gaza: niños ensangrentando los brazos de sus padres, mujeres tendidas en una precaria mesa de operaciones, ancianos desenterrados de en medio de los escombros. El paralelismo no es sólo iconográfico: tanto Estados Unidos como Israel dan la impresión de encontrarse empantanados en Irak y Gaza, y no sólo frente a sus oponentes sobre el terreno, sino también frente a sus propias contradicciones. El caso de Gaza es significativo. Desde que hace unos meses el primer ministro israelí, Ariel Sharon, proclamó solemnemente su intención de retirar sus tropas de este territorio palestino, estas no han hecho sino embarcarse allí en una serie de ofensivas cada vez más violentas, hasta un total de doce, hasta ésta en la que los muertos se acercan ya al medio centenar. Aunque el detonante de esta operación en concreto haya sido la muerte de dos escolares israelíes en un ataque palestino con cohetes caseros, su razón última es de imagen: Sharon no quiere que la futura retirada parezca una «concesión a los terroristas» ni una muestra de debilidad. Por ello, y a pesar de que Hamás ha anunciado que dejará de lanzar ataques una vez que los israelíes se hayan ido, los israelíes no se van para no dar la impresión de que huyen. Y así la guerra continúa. Al mismo tiempo, no es poco irónico que el Departamento de Estado norteamericano recomendase ayer a Israel «contención» y «evitar las bajas de civiles», cuando en esos momentos los propios norteamericanos causaban el doble de bajas civiles en su ofensiva contra Samarra, en Irak. También aquí se trataba de una «huída hacia adelante». En teoría, la operación tiene por objeto pacificar en la medida de lo posible el país con vistas a las elecciones de enero (el registro de votantes tendría que comenzar ya el mes que viene). Esto permitiría a las tropas norteamericanas retirarse, al menos replegarse a sus cuarteles y dejar caer la carga de la ocupación sobre los hombros de la policía iraquí. Sin embargo, al mismo tiempo, es precisamente esta clase de operaciones lo que hace imposible la pacificación y la hipotética retirada, al exacerbar todavía más la violencia y arrastrar en ella a grupos que en principio no se oponen a la celebración de elecciones, como es el caso de las milicias chiíes. Esta paradoja acosa sobre todo al presidente republicano George W. Bush, quien, el jueves en el debate, se negaba a enfriar la temperatura de la sala. Pero, por lo que se vio, tampoco tiene la respuesta el demócrata John Kerry, a quien le asustaba el calor excesivo y habla de retirada en términos ligeramente menos vagos que Bush. Fue así como al final se impusieron los 21 grados de Samarra en plena batalla.