La falta de esperanzas en una pronta solución del conflicto, parece empujar a los saharauis hacia la guerra. En el muro de 2.700 kilómetros que separa a las partes, la tensión crece
24 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Amina lanza piedras y grita a los marroquíes que se vayan del Sáhara. Sus guijarros, arrojados con rabia, no llegan más allá de veinte metros. A casi un kilómetro, los soldados marroquíes que defienden el muro apenas oyen sus protestas. A Amina le acompañan unas 300 mujeres saharauis y otros tantos activistas españoles que han venido hasta aquí para protestar contra esta formidable barrera de 2.720 kilómetros que separa el Sáhara ocupado por Marruecos de los territorios que controla el Frente Polisario. Los activistas españoles llevan banderas saharauis, pero también ikurriñas vascas, enseñas canarias y de otras comunidades. Un grupo grita a los marroquíes en euskera mientras sus correligionarios tocan la txalaparta (un instrumento ancestral vasco). Dejamos a Amina atrás y nos acercamos a unos 300 metros del muro, lo justo para poder ver a los marroquíes a través de los prismáticos sin pisar alguna de las minas que protegen el muro. Lo que se ve es elocuente: los soldados, una veintena, graban a los saharauis con una cámara, comen tranquilamente su rancho y se ríen con ganas de las protestas. La escena, en medio del calor impenitente de la hamada (desierto de piedras), se antoja como una descripción perfecta del conflicto que asola esta parte del mundo. El muro más largo del mundo «La zona está bastante desminada, pero hay que tener cuidado. Tenemos cientos de heridos por las minas». Gaizi Nahbachir, el saharaui que nos acompaña a las postrimerías del muro, sabe bien de qué habla. El Polisario le ha encargado una investigación exhaustiva sobre la barrera levantada por Marruecos. Desgrana con precisión cada tramo del muro: primero la barrera de minas antipersonales y anticarro, que en algunos casos comienza hasta un kilómetro antes del muro. La mayoría son italianas. «También hay españolas», dice. Después viene la barrera de alambre y detrás se sitúa el muro de piedras, arena y zanjas. Allí se instala la infantería: una compañía en cada puesto importante y pelotones circulando entre los puestos a lo largo de una barrera constante. Entre la infantería se sitúan los radares, que Marruecos se ha encargado de reforzar en los últimos meses para evitar cualquier incursión del Polisario en el muro, que es la táctica que los saharauis han utilizado durante años para hostigar a las fuerzas del reino alauí. «Con la instalación de los nuevos radares nos han hecho polvo», admite Brahim Gali, representante del Polisario en España y uno de los miembros históricos del movimiento. «Con los radares viejos detectaban los movimientos que hacíamos a unos 20 o 30 kilómetros. Pero conocíamos los huecos que dejaban y éramos capaces de causarles fuertes daños. Lo que nosotros denunciamos es que Marruecos ha cogido el dinero y la tecnología que la UE le dio para luchar contra la inmigración entre el Sáhara y Canarias y lo ha utilizado para reforzar el muro. Ahora pueden detectarnos hasta a 100 kilómetros», dice. Las afirmaciones de Gali son confirmadas por el último informe de Kofi Annan, que sacó a la luz la instalación de 40 nuevos radares. El veterano dirigente saharaui no pierde, sin embargo, el eterno entusiasmo militar del Polisario. «Siempre habrá resquicios en el muro. Allí donde habéis visto a los marroquíes reirse, allí se han hecho incursiones y se han capturado prisioneros», cuenta. Retomar las armas El desequilibrio que puedan causar estos nuevos radares en un conflicto ya de por sí desequilibrado cobra especial relevancia en un tiempo en que el Polisario se plantea volver a las armas. Los factores de la frustración saharaui son conocidos. La comodidad con que Marruecos lleva la situación porque «el alto el fuego sólo beneficia al ocupante». La incapacidad de la ONU para garantizar la aplicación de sus resoluciones y llevar a cabo el referéndum propuesto por Baker. El cambio de postura del Gobierno de Zapatero que, según el líder del Polisario, Mohamed Abdelaziz, avala las posturas de Marruecos. La creciente escasez de alimentos en los campos de refugiados por la falta de organización en la ayuda y el desgaste de los donantes. La desesperanza cunde y la falta de horizontes se ve hasta en los niños. Mohamed, un niño de doce años y ojos grandes que pasó dos veranos en Ferrol «en casa de Maruja y Pedro» no lo puede decir más claro. Le preguntamos si le gusta más Galicia o el Sáhara y responde sin dudar. «Galicia. Es que allí tenía algo que hacer». «La verdad es que la idea de volver a las armas siempre ha estado ahí. Fue la dirección del Polisario la que pidió a la gente que aceptara el alto el fuego con Marruecos. Muchos sintieron que era una encerrona. Ahora la gente sigue pidiendo ir a la guerra porque quieren que su situación se defina de una vez. Llevamos veinte años viviendo en los campamentos de Argelia, en una tierra prestada, sin patria, sin futuro, viviendo de la ayuda internacional. Por eso no tienen miedo a morir. Eso ha sido así durante los últimos años. La diferencia es que ahora la dirección, que antes abogaba por mantener el alto el fuego, ha puesto la vuelta a las armas sobre la mesa», dice Abdati, que trabaja en la presidencia de la República Árabe Saharaui. Determinación Hablamos con Abdati en Tifariti, un antiguo fuerte español. Estamos en la zona liberada, el territorio que el Polisario ganó en su lucha. Pero aquí no viven más que los militares. Cada vez que los saharauis intentaron colonizar con civiles su territorio, fueron atacados por los marroquíes. El sábado pasado pusieron la primera piedra para volver a intentarlo. Crearán un barrio para que los que viven en los campamentos de Argelia vengan a aquí. «Esto es el desierto y la vida es muy dura, pero al menos es nuestra tierra», dice. La determinación que muestran los saharauis es absoluta, tanto para volver a colonizar sus tierras como para volver a la guerra si es necesario. Eso, a pesar de que sufren una inferioridad numérica de diez a uno. Pero enfrente de su guerrilla tendrán a un ejército que no se parece al que combatieron hace años. Marruecos ha llevado a cabo un desarrollo armamentístico notable, aupado por su alianza con Estados Unidos. En resumen: Amina tirando piedras y los soldados riendo en la seguridad que les da un muro que los parapeta y una aviación que, en las llanuras de la hamada, podría jugar al tiro al blanco con los saharauis. «Nosotros nunca plantearíamos un conflicto abierto con Marruecos. Cuando comenzamos la guerra, desarrollamos nuestra propia forma de lucha y así conseguimos hacernos con los territorios liberados. Si se declara otra vez utilizaremos otros instrumentos. Es cierto que Marruecos ha mejorado su armamento, pero subestiman la fuerza de voluntad de quien no tiene nada que perder. Además, yo tengo confianza en la resistencia que se está organizando en el Sáhara ocupado», dice Abdati. Mirada al cielo Quizás pensando en esa aviación marroquí, el desfile militar anual que realiza el Polisario para conmemorar el inicio de su lucha tuvo este año como protagonistas a sus armas antiaéreas. Viejas baterías Dochka, algunos misiles tierra-aire SAM y blindados con cañones antiaéreos M-65, estos últimos regalo de Argelia, que sigue siendo el sostén de los saharauis. A los pies de uno de esas baterías antiaéreas nos encontramos a Husseín Bachir, un veterano guerrillero que lleva en la lucha desde el principio. Ahora, a sus 51 años, pide volver a la guerra. «No podemos seguir así. Si la ONU está decidida a aplicar el referéndum que lo haga y si no que se vayan de una vez. Iremos a la guerra. Marruecos tiene armas, pero nosotros también. Cuando empezamos la lucha éramos 17, teníamos cinco armas y sólo dos disparaban de verdad. Y mire ahora», dice. Husseín, que ha participado en la parada militar, nos deja y se va a ayudar a unos compañeros. A su vehículo no le funciona la marcha atrás y hay que remolcarlo.