Merkel se crece en el ring

Úrsula Moreno CORRESPONSAL | BERLÍN

INTERNACIONAL

HERBERT SACHS

Schröder desaprovechó ayer la última oportunidad para invertir las encuestas, en un debate televisado que contemplaron 20 millones de personas. La líder de la CDU demostró que no está dispuesta a permitir que le arrebaten la cancillería.

04 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Angela Merkel superó ayer la última gran prueba en la carrera hacia la cancillería alemana que culmina dentro de quince días. La candidata conservadora bajó con la cabeza alta del ring televisivo, en el que mostró una veteranía inesperada frente al canciller y experto en estas lides mediáticas, Gerhard Schröder. Ambos aparecieron con traje oscuro y no perdieron la compostura un solo momento. Merkel, que había llevado a su propia maquilladora, estuvo de sobra a la altura de su adversario. La democristiana de 51 años no se enredó en titubeos ni tropezó en su discurso. No sólo recordó los logros de los democristianos, que lideran gobiernos en once estados federados, sino que reiteró machaconamente todas las promesas incumplidas por el ejecutivo de Schröder durante los últimos siete años. Cual martillo, repitió en incontables ocasiones la promesa del canciller de reducir drásticamente el desempleo, que ahora roza los cinco millones. De poco le sirvieron ayer al flamante canciller de 61 años el derroche de sonrisas y el aplomo después de siete años de gobierno. El viejo zorro socialdemócrata, para el que los estudios de Berlín-Adlershof eran terreno conocido, no logró provocar esa fatal inseguridad que a veces atenaza a Angela Merkel. Tampoco las miradas condescendientes que dirigía ayer a la primeriza frenaron su segura argumentación. «Muchos electores consideran que se está burlando de ellos cuando dice que los últimos siete años han sido buenos años para Alemania», le espetó. Un Schröder más serio de lo habitual le contestó con un «deje de hablar tan negativamente sobre el potencial y la gente de este país». Hace apenas tres años que el canciller pasó por el mismo plató, aunque el adversario era otro, Edmund Stoiber. En aquella ocasión Schröder acabó merendándose al entonces candidato conservador, cada vez más titubeante e inseguro frente a un Schröder triunfalista. Un diez por ciento de los electores cambiaron su intención de voto en los días posteriores al debate, del que Schröder salió como claro vencedor. Las inundaciones en el Este del país, su claro no a la guerra en Irak y la inferioridad retórica del bávaro acabaron dándole la victoria a Schröder. Ayer no bastaba con ser un brillante orador. Para recuperar la enorme desventaja, de once puntos que le separan de la oposición, Merkel tendría que haber cometido gravísimos errores. Cosa que no hizo. Bien es cierto que faltan quince días hasta los comicios. Angela Merkel era la que más tenía que ganar ayer, ya que de los indecisos no depende ya tanto quien gane las elecciones (después del debate, resulta aún más evidente que será el bloque conservador formado por la Unión Democristiana y su socio bávaro de la CSU), sino si podrá hacerlo sólo con los liberales o se verá obligada a formar una gran coalición con el partido del canciller Schröder.