Hay dos países, uno que está superando la crisis y otro que padece la falta de trabajo y, algo peor, la falta de expectativas
21 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Ayer comenzó la veda electoral en Argentina: 48 horas para que los ciudadanos reflexionen a quién votarán. Tanto Cristina Fernández de Kirchner como Hilda Chiche González de Duhalde, las principales protagonistas de estas elecciones, cerraron la noche del jueves sus actos de campaña en la provincia de Buenos Aires. La esposa del presidente, candidata a senadora nacional por el Frente para la Victoria pidió que las urnas «hablen contra los que han devastado la provincia», en alusión a Eduardo Duhalde. Por su parte Chiche se refirió a Kichner diciendo a sus 7.000 seguidores: «Al poder hay que usarlo en favor del pueblo. Con responsabilidad, sin vanidad, sin soberbia, sin autoritarismo». Finalmente los discursos callaron y la primera pregunta que se hacen los ciudadanos es si el país de hoy es mejor que el de cuatro años antes, cuando Néstor Kirchner llegó al poder. Mejoría Decididamente la respuesta es sí, Argentina está en mejor situación que la que tenía en el 2001; el país creció y sus indicadores macroeconómicos son realmente satisfactorios. Crecieron la producción industrial, las obras públicas, las reservas monetarias, la recaudación fiscal alcanzó cifras históricas, aumentó la exportación agroalimentaria, bajó la deuda externa en 70.000 millones de dólares y el PIB subió el 9%. Pero estos éxitos no pueden disfrutarlos todos los argentinos ya que el 46% de la población está por debajo del índice de pobreza, y de éstos, el 19% vive en la indigencia. En Argentina cada día hay más diferencias entre ricos y pobres. Aumenta el consumo en centros comerciales y en hipermercados, pero también el número de ciudadanos que transitan la calle revolviendo los cubos de basura en busca de alimento. Hay dos países, uno que está superando la crisis y otro que padece la falta de trabajo, la pésima administración de los recursos del Estado y, algo peor, la falta de expectativas. Ahora también se suma la inflación, que los argentinos temen como presagio de crisis institucional. Mañana los argentinos de ambos lados de las estadísticas decidirán si apuestan por Krichner. Por ahora, el pingüino , como le gusta llamarse el presidente, tiene buena parte del camino recorrido.