Un antiguo aliado de Aristide se perfila como ganador en Haití, a falta de datos oficiales

Alexia Torres SER. ESPECIAL | P. PRÍNCIPE

INTERNACIONAL

08 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

«Una población tan motivada merecía elecciones mejor organizadas». El jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea, Johan van Hecke, sabía que en muchos colegios electorales -con sólo una puerta de medio metro para hacer entrar y salir, o con interventores poco formados- se formarían grandes colas. Aunque hubo avalanchas y esperas de tres horas para poder votar, se evitó el temido fracaso, la jornada pasó sin grandes errores y los 9.000 cascos azules aportaron la necesaria seguridad. «El sacrificio, decisión y paciencia del pueblo haitiano han dado una lección a los países del hemisferio», declaró el jefe de la misión de la ONU en Haití, Juan Gabriel Valdés. El recuento comenzó la noche del martes a la luz de las velas. El Consejo Electoral Provisional (CEP), que se disculpó por los fallos técnicos, advirtió de nuevo a la prensa internacional y a la clase política del país que no especulara con los resultados hasta que no fuesen difundidos oficialmente, entre el jueves y el viernes. La clave está en si el favorito, René Préval, conseguirá la mitad más uno de los votos y hará innecesaria una segunda vuelta, prevista para el 19 de marzo. Préval habría reunido el 93% de los votos en la violenta barriada de Cité Soleil, y el 70% en un centro de un barrio acomodado de Puerto Príncipe, según las listas colocadas en sendos colegios, no verificadas por el CEP y difundidas por agencias de prensa. Antiguo aliado del ex jefe de Estado Jean-Bertrand Aristide, Réne García Préval se ha presentado a un segundo mandato bajo el partido La Esperanza. Heredero de sus fieles votantes -en su mayoría, pobres y negros-, se distingue de su mentor en ser el único ex presidente que pudo acabar su mandato sin que lo echaran, entre 1996 y 2001. Agrónomo de 63 años formado en Bélgica y exiliado en la dictadura de Duvalier, en su campaña prefirió no contestar si apoyaría la vuelta del ex sacerdote, en el exilio en Sudáfrica desde hace dos años. Sus abarrotados mítines, en los que acababa portado en volandas, reflejaron su facilidad para comunicarse con su entregado público. A Numa, que vive en una chabola sin luz ni agua, no le importó caminar una hora y esperar otras tres para elegirle entre los otros 32 candidatos. «Necesitamos un Gobierno que nos dé seguridad y baje el precio de los alimentos, y por fin lo tendremos», dice orgulloso. Los medios locales destacan que los ciudadanos votaron en masa, y libremente. «Ha sido la demostración de que la gente quiere hacer una vida normal, que quiere cambiar las cosas», comentaba la periodista Weldell Theodore.