Las convulsiones en el Gobierno lastran a Portugal La inestabilidad política ha bajado a los lusos del tren del progreso: en sólo cinco años, han tenido tantos primeros ministros como España desde el regreso de la democracia
08 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«Lo que hace un ministro, lo deshace al año el siguiente». La frase está en la calle, pero quien la pronuncia para La Voz es el presidente de la Asociación Industrial del Miño, Antonio Marques. Pone así sobre la mesa la auténtica clave de la crisis lusa, la razón por la que un país en crecimiento se convierte en diez años en el quinto que menos crece del mundo. La reflexión de este empresario se viste de datos que harían gracia si no fuera por sus consecuencias dramáticas: cuatro gobiernos en un lustro, tantos como desde que se reinstauró la democracia en España, no hacen reír a nadie, y cinco ministros de Economía y otros tantos de Hacienda en ese tiempo tampoco invitan al choteo. «La inestabilidad en la política es el principal problema de este país. Es que hace diez años estábamos mejor que hoy en día», explica a La Voz el Rajoy portugués, Marques Guedes, nuevo líder de los conservadores, ahora en la oposición. Hace un año gobernaban, pero el fracaso de su segundo Ejecutivo en la misma legislatura los mandó al banquillo de los suplentes. Un desastre tras otro Los portugueses no aguantaron tamaño cúmulo de despropósitos. Primero les dejó en la estacada Durão Barroso, que, tras dos años de lucha infructuosa contra una crisis galopante, firmó un exilio dorado en la Comisión Europea. Después, Santana Lopes saltó al cargo de primer ministro sin pasar antes por las urnas, pero las cosas se torcieron aún más. «Fue el peor Gobierno de la democracia», critica Francisco Assis, eurodiputado y líder del Partido Socialista (PS) en el norte. Opina como el ex ministro de Economía y ahora diputado del PS Braga da Cruz, quien asegura que la prueba del desastre fue la mayoría lograda por el actual líder, José Sócrates. «Tiene la estabilidad para hacer las reformas precisas. Y las hace. Incluso algunos conservadores elogian su coraje para tomar medidas impopulares». Aunque decir impopulares quizá es poco: subió el IVA, restó vacaciones a los jueces, cerrará 4.500 escuelas rurales, aumentó un 23% las tasas por ser atendido en urgencias, multiplica las inspecciones fiscales y planea reducir el funcionariado del país de los funcionarios. Por eso hay quien ya la ve como a sus predecesores. Como el paisano que ayer, frente a la Asamblea de la República, firmaba el titular del día: «Deberían poner aquí una carrinha (furgoneta) de mudanzas fija. Eso sí que sería un negocio».