El centrista que cree en un milagro

Esperanza Suárez CORRESPONSAL | PARÍS

INTERNACIONAL

CANDIDATO DE LA UNIÓN POR LA DEMOCRACIA FRANCESA A LA PRESIDENCIA DE FRANCIA Con un 24% de apoyos, según sondeos, el candidato revelación al Elíseo cosecha votos en la derecha y en la izquierda y confía en llegar a la segunda vuelta electoral

12 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Se ha convertido en la pesadilla de los equipos de campaña de los dos partidos mayoritarios. Como una hormiguita, el centrista François Bayrou (UDF) cosecha votos a derecha e izquierda y los sondeos le dan ya un apoyo que roza el 24%. Todo un milagro que le podría llevar a la segunda vuelta de las presidenciales francesas gracias al voto de los descontentos y que le permitiría desempeñar el papel que hace cinco años jugó el ultraderechista Jean-Marie Le Pen. Entonces Bayrou sólo obtuvo un 6, 84%. Pero él es hombre de fe. El ex ministro del Interior Charles Pasqua reconoce que le marcó para siempre una de sus confidencias: «Bayrou es el único político que me ha asegurado que se le había aparecido la santa Virgen para predecirle que sería presidente de la República». Devoto católico, es a la vez ardiente defensor del carácter laico del Estado -«el techo de la casa que nos permite vivir a todos juntos»-, y asiste a los oficios religiosos con el mismo fervor que despliega en sus encuentros con sus amigos masones. Es la historia de su vida, siempre entre contrastes. Profesor de letras clásicas y criador de caballos, se hace entrevistar con frecuencia encima de un tractor, aunque sus paisanos de Bordéres, cerca de Pau, no lo ven, y dicen que está muy ocupado en París. Su interés por presentarse como un hombre de la tierra le llevó el pasado dos de diciembre a anunciar su candidatura con las cumbres de los Pirineos al fondo: «En este lugar tengo mis raíces», aseguró ante una legión de periodistas¿ a 30 kilómetros de su pueblo, pero mucho más cerca del aeropuerto. Ocupó su primer cargo público en 1982, como consejero general de los Pirineos Atlánticos. Cuatro años después, fue elegido diputado y entre 1993 y 1997 consiguió convertirse en el ministro de Educación que más tiempo se ha mantenido en el puesto gracias a no haber emprendido ni una sola reforma. En esta legislatura ha apoyado al Gobierno de la derecha, pero sin renunciar a los desmarques, el más sonado su voto favorable a la moción de censura presentada por los socialistas contra el primer ministro, Dominique de Villepin. Hace meses, denunció que los medios de comunicación sólo se concentraban en Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy y consiguió un trato preferente. Por eso le temen. A sus 55 años, su caso es aún un ejemplo citado por los profesionales: con machacona tenacidad y el apoyo de un profesor logró superar la grave tartamudez que padecía de niño. Su antiguo confesor dice que «tiene una fe capaz de mover montañas».