Sarkozy se erige en defensor de la «Francia exasperada» en la presentación de su programa

Esperanza Suárez CORRESPONSAL | PARÍS

INTERNACIONAL

02 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Nicolás Sarkozy ha elegido el género epistolar para presentar su programa electoral, a veinte días de la primera vuelta de las presidenciales. Promete una economía y una inmigración controladas, y se presenta como el defensor de la «Francia exasperada», ahora que «el pacto republicano amenaza con explotar». El candidato de la conservadora UMP recoge sus propósitos en una carta libro con los colores de la bandera en portada y con el titular Ensemble (Juntos). A lo largo de 158 páginas intercala propuestas políticas y confidencias personales. Se define como un «humanista de derechas» que quiere convertirse en «presidente de unidad» y «pasar de la República virtual a la República real». Uno de los pilares de su campaña es la creación de un Ministerio de la Inmigración y la Identidad Nacional. Atribuye a la falta de control en la llegada de extranjeros en los últimos 40 años «la explosión social de los barrios» de noviembre del 2005. Será el más polémico de los 15 ministerios con los que quiere organizar el gobierno. Su rival socialista, Ségolène Royal, lo ha calificado de «indigno», y Dominique de Villepin dijo ayer que no está «en absoluto de acuerdo» con la creación de ese ministerio. Tampoco lo secunda la centrista y superviviente de los campos de concentración Simone Veil, que a pesar de ocupar la presidencia de su Comité de Apoyo considera que «es más que una imprudencia». Pero a Sarkozy, la iniciativa le ha ido bien en los sondeos. Sube dos puntos y se coloca con una intención de voto del 29%. Bajan Royal (26%) y el centrista Bayrou (18%), y poco a poco también escala posiciones el ultraderechista Le Pen (13%). En la segunda vuelta, ganaría a la candidata socialista con el 51% de los votos. El ex ministro del Interior dice que se siente «preparado para el éxito». Si se convierte en el nuevo inquilino del Elíseo designará este mismo verano una comisión para que estudie las reformas constitucionales necesarias para poner en marcha «una nueva forma de gobernar». Mientras llega su momento, endurece el tono hacia Royal. Para él, el problema de su rival socialista es la «histeria».