José Sócrates afronta el primer paro general contra su Gobierno

Belén Rodrigo LISBOA

INTERNACIONAL

FRANCISCO LEONG

Los convocantes cifran el seguimiento en un 80% y el Ejecutivo portugués lo rebaja a un 13% El transporte y la sanidad fueron los sectores en los que más éxito obtuvo la protesta

30 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

La huelga general desarrollada ayer en Portugal causó serios trastornos en el funcionamiento de los transportes y de los centros hospitalarios. El principal objetivo del paro, convocado por la mayoritaria Comisión General de Trabajadores de Portugal (CGTP, de tendencia comunista), era protestar contra el desempleo, la precariedad laboral, los bajos salarios, las desigualdades y las injusticias sociales. Según los organizadores, la adhesión a la huelga rondó el 80%, mientras que el Gobierno aseguró que la paralización del país fue menor que en otras ocasiones y que la participación no llegó al 13%. La huelga de ayer es la primera que se convoca contra un Gobierno socialista desde la restauración de la democracia en 1974 y el quinto paro general. El anterior de estas características tuvo lugar hace cinco años bajo un Gabinete socialdemócrata. El actual Ejecutivo presidido por José Sócrates cuenta con mayoría absoluta y lleva dos años en el poder. En los últimos meses ha sufrido varias huelgas sectoriales y algunas de las manifestaciones más concurridas que se recuerdan en Lisboa. La política de reformas económicas y sociales de Sócrates para reducir los gastos del Estado y sus medidas de ahorro presupuestario han levantado una fuerte oposición entre los trabajadores de servicios públicos como la administración, el transporte, la enseñanza y las fuerzas de seguridad. CGTP exige un cambio de rumbo de las políticas económicas y sociales que garanticen mejores condiciones de vida. El sindicato advierte que es preciso que se descongelen los ascensos en la Función Pública y el sistema de movilidad utilizado para el traslado de los trabajadores. Disparidad de cifras El Gobierno quitó importancia a la protesta. El ministro de Finanzas, Teixeira dos Santos, comentó que no se podía hablar de huelga general por «su impacto parcial en algunos sectores. Las huelgas generales paralizan los países y Portugal no está parado», añadió. El ministro basó su criterio en que de los 227.000 trabajadores en los servicios públicos «tan sólo hubo una adhesión del 12,8%, cifra inferior a la de las últimas huelgas». Además, de las 10.900 escuelas, la inmensa mayoría, 10.103, permanecieron abiertas. Respecto a las entidades financieras, sólo el 15% de las oficinas secundó el paro. Para el secretario general de CGTP, Manuel Carvalho da Silva, la reacción del Ejecutivo era la esperada. «Todos los gobiernos intentan minimizar la lucha de los trabajadores», aseguró. También criticó los servicios mínimos establecidos, a los que calificó de «abusivos». En Lisboa, la protesta se sintió especialmente en los transportes. Los trabajadores designados para atender el metro y Transtejo (empresa que comunica por barco las dos orillas del río) durante el paro no cumplieron su misión y hubo líneas cerradas. En Oporto, el metro tampoco circuló con normalidad. En los hospitales, la huelga también se hizo notar. Al principio, el seguimiento llegó al 100% de los trabajadores. Según la federación nacional de los sindicatos de la Función Pública, en otros centros sanitarios, la huelga osciló entre el 90% y el 75%. Las consultas fueron aplazadas y el servicio de urgencias sufrió grandes retrasos. En los aeropuertos también hubo problemas. Las cancelaciones de vuelos entre las Azores y el continente dejaron a cerca de un millar de pasajeros en tierra. Bajo la protesta subyace también el descontento popular por la situación en Portugal, que sufre desde hace cinco años una fuerte crisis económica, con un índice de desempleo del 7,5% de la población activa, agravado por el cierre de empresas como la japonesa Yazaki Saltano y la General Motors.