Los democristianos flamencos de Yves Leterme ganan las elecciones generales en Bélgica

Juan Oliver CORRESPONSAL | BRUSELAS

INTERNACIONAL

10 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

La coalición entre la Unión Democristiana Flamenca (CD&V) de Yves Leterme y los regionalistas moderados del N-VA ganó ayer las elecciones generales en Bélgica con cerca del 32% de los sufragios en Flandes y el 18,5% en todo el país. Al cierre de esta edición, completado el escrutinio del 80% de mesas, los ultranacionalistas del Vlams Belang (Interés Flamenco) le disputaban la condición de segunda fuerza en Flandes (18,9%) a los liberales del primer ministro, Guy Verhofstadt, que rozarían también la barrera del 19% en la región en la que viven el 60% de los 10,5 millones de belgas. Verhofstadt tenía hasta ahora con el apoyo de los socialistas flamencos del SP.A-Spirit, que han caído casi nueve puntos hasta quedarse en el 15% de apoyos. Ese batacazo, unido a la estrepitosa caída de más de seis puntos del VLD, hace improbable que se repita la coalición ultravioleta que ha gobernado los últimos ocho años. El propio Verhofstadt reconoció ayer su derrota e insinuó que su etapa como primer ministro había concluido. Hay varias fórmulas posibles, pero sólo parecen probables las que tienen a Leterme a la cabeza, y ninguna con el Vlams Belang, con el que todos los partidos se han comprometido a no pactar. Por ley, el Gobierno debe tener en el Parlamento apoyos de ambas regiones, y una opción para el CD&V es buscarlos entre socialistas flamencos y valones. Éstos últimos cayeron varios puntos y estaban anoche a punto de perder la primera posición en Valonia a favor del Movimiento Reformista del comisario europeo de Ayuda Humanitaria, Louis Michel. El MR es otra opción para un Leterme que necesita mejorar la pésima imagen que tiene entre la población francófona. Ayer, incluso hizo guiños a los verdes de esa región, agrupados en la lista Ecolo. Tal y como establece la Constitución, el rey Alberto II pedirá al líder del partido más votado que forme Gobierno, tarea que, dado el enrevesado mapa político belga, podría demorarse varias semanas.