El secuestro más largo de la historia moderna

María Pérez-Plá CORRESPONSAL | BOGOTÁ

INTERNACIONAL

CARLOS DURÁN

01 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando la noche del 21 de diciembre de 1997, el suboficial Pablo Emilio Moncayo y los 40 hombres que lo acompañaban en la pequeña base del Ejército colombiano en Patascoy, un recóndito lugar de la selva, oyeron las ráfagas de fusil y explosiones que los rodeaban, nunca pensaron que ese día se convertiría en la peor de sus pesadillas. Cuatrocientos hombres de la guerrilla FARC mataron a 22 soldados y secuestraron a 18, de los cuales dos siguen todavía en cautiverio. Moncayo y José Libio Martínez no se beneficiaron del intercambio de soldados y policías por guerrilleros presos que se realizó en el año 2001, pues eran suboficiales. En su misma situación se encuentran otros 34 oficiales más. Colombia es el país con más secuestrados del mundo. La organización no gubernamental País Libre cifra el número de retenidos en 3.143, de los cuales 765 están en manos de las FARC. El secuestro es una práctica tan común y tenebrosa en el país andino que bandas de delincuentes retienen a gente para vendérsela después a las guerrillas. En su mayoría el fin es puramente extorsivo: si no pagas, no sales. En los últimos 10 años 1.269 personas han muerto en cautiverio. Sin embargo, las FARC inventaron una categoría de secuestrados mucho más cruel: los canjeables . Estos no serán liberados por un rescate, pues lo que las FARC quieren a cambio son guerrilleros presos. Hasta el pasado 18 de junio 57 eran las personas que ostentaban este horrible título, sin embargo la guerrilla confirmó el jueves que 11 diputados secuestrados desde abril del 2002 habrían muerto en «fuego cruzado». Ahora quedan 46, entre los que se cuenta la ciudadana colombo-francesa y ex candidata presidencial, Ingrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses, políticos y compañeros de Moncayo. Caminando por su hijo Gustavo Moncayo, un humilde profesor de Ciencias Sociales de una pequeña escuela al sur de Colombia inició el pasado 17 de junio una larga marcha en pro de lo imposible: está caminando desde la ciudad de Pasto hasta Bogotá, con el fin de lograr apoyo para que se realice un acuerdo humanitario entre el Gobierno y las FARC que devolvería a su hijo a la libertad. El pasado viernes llegó con ampollas en los pies a la ciudad de Cali, donde una multitud lo esperaba y entre aplausos y lloros se abrazó a los familiares de los 11 diputados asesinados. «Estoy lleno de mucha tristeza y a la vez de coraje», declaró Moncayo. Desde que el pasado jueves se tuvo noticia del asesinato de los diputados, el Gobierno de Uribe y distintos organismos gubernamentales y civiles buscan la entrega de los cadáveres por parte de las FARC. La Iglesia colombiana ha manifestado estar «dispuesta a buscar diferentes alternativas» para recuperar los restos. Y mientras Colombia llora compungida otro capítulo de horror en su convulsa historia, el Partido Comunista de Chile invitaba a celebrar el 43 aniversario de la fundación de las FARC el pasado sábado a través de una página de Internet.