Karzai, entre la espada talibán y la pared de Washington

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

04 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

En la guerra contra el terror, todos los caminos llevan a Estados Unidos. Y en el secuestro de 23 surcoreanos en Afganistán, el pasado 19 de julio, también es así. Por esas fechas, la noticia que había saltado a los medios era el nuevo acuerdo comercial, el más importante de la historia, a punto de ser firmado, entre Estados Unidos y Corea del Sur. Si es aprobado por el Congreso, como se espera, el intercambio de divisas entre los dos países alcanzaría los 20.000 millones de dólares anuales. Se trata del acuerdo bilateral más significativo de cuantos se han firmado desde el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica de 1994.

En tres años se eliminarán el 95% de las tarifas y tasas que penalizan las exportaciones de Estados Unidos a Corea del Sur, la décima economía mundial, con sólo 48 millones de habitantes.

Pero no solamente esto. Estados Unidos tendría así acceso a los puertos francos de los coreanos en lugares estratégicos, tales como Guatemala y El Salvador. Allí se fabrican los millones de aparatos y componentes electrónicos, además de textiles, que inundan las tiendas de Estados Unidos e, indirectamente, de tantos otros lugares del mundo.

La muerte de dos de los rehenes; el estado grave de dos mujeres secuestradas; la amenaza letal que pende de 21 de los surcoreanos que están en poder de los talibanes, y la petición de éstos de liberar a sus compañeros de las cárceles afganas -ayer propusieron un canje de dos rehenes enfermas por dos presos- han vuelto a poner el dedo acusador en la Casa Blanca.

Acusaciones a Bush

Las manifestaciones de Seúl, acusando a George Bush de no estar haciendo lo suficiente en sus negociaciones con los talibanes, han resucitado los períodos más anti norteamericanos del país del sudeste asiático.

El presidente afgano, Hamid Karzai, en otra situación clásica, se encuentra entre la espada y la pared? y ha decidido visitar Washington. No quiere liberar presos talibanes, porque el antecedente sería muy peligroso.

Pero la última palabra la tiene la Administración norteamericana. Allí adonde llevan todos los caminos de la guerra contra el terror.