Cuatro días de «jirga» en Kabul

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

Dirigentes de Afganistán y de Pakistán se enzarzan en un acalorado debate sobre los talibanes y el terrorismo

11 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Hoy sábado se celebra el tercero de los cuatro días de reuniones entre 650 jefes tribales de Afganistán (350) y Pakistán (300). Es lo que se denomina jirga, o consejo de ancianos, el máximo órgano decisorio en la conformación de la red social de la zona. Su principal objetivo es tratar temas de seguridad entre ambos países, y también de tráfico de drogas, así como económicos.

Hace casi un año, en Washington, George Bush había organizado una cumbre con los dos líderes: el presidente Hamid Karzai, de Afganistán, y el del vecino Pakistán, el general Pervez Musharraf, conocido entre sus detractores como Busharraf.

Bush quería que las reuniones de estos días en Kabul se hubiesen convocado antes, pero no ha sido posible. Hasta Musharraf ha eludido atenderlas, arguyendo que la situación doméstica de su país, en el que han muerto al menos 300 personas en las últimas dos semanas debido a ataques sectarios, se lo impedía.

El aliado intermitente de Estados Unidos en la zona, Pakistán, es vital para ganar la guerra a los talibanes en Afganistán, y tener una carta segura -visto que la de Irak sólo puede ser contraproducente- en las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

La Casa Blanca financió y apoyó, vía Pakistán y Arabia Saudí, a los talibanes. Ahora, de la derrota de éstos depende parte de la victoria en la guerra contra el terror.

En Kabul, en una tienda blanca, la misma en la que se firmó la constitución postalibán de Afganistán en el 2004, los jefes tribales tratan de frenar el nuevo avance de aquéllos. Están ausentes representantes vitales para conseguir ese objetivo: los líderes locales de la región fronteriza de Waziristán, donde se rumorea que se halla el mismo Bin Laden. Washington teme que es allí donde Al Qaida se está reagrupando.

Y muchos de los enemigos de Musharraf, el general que accedió al poder con un golpe de Estado en 1999 y ahora busca otro mandato de cinco años, juegan con esos sectores rebeldes para conseguir prebendas políticas en Islamabad.