La reconciliación, cada vez más lejos

Enrique Vázquez

INTERNACIONAL

La cumbre destinada a reorientar la gestión del Gobierno de Irak y alinearla con las imperativas necesidades estadounidenses terminó ayer con el anuncio de que todo sigue igual y con los suníes fuera del poder. Al Maliki hizo saber a los suníes que la «puerta está abierta», pero sugirió que no aguardará eternamente. El lunes ya advirtió que dispone de «alternativas en el campo suní», en alusión a los jefes tribales que han aceptado cooperar con el Ejército de EE.?UU. en su lucha contra Al Qaida.

La situación sigue siendo de espera: técnicamente el Gobierno es el mismo, no se reúne porque hasta 17 titulares no concurren al Consejo de Ministros, y el Parlamento está de vacaciones. Lo único notable, y en cierto modo misterioso, es que los kurdos -estaba presente Masud Barzani, líder de la facción con la que Talabani se reparte el poder- estén tan disponibles sin más. Ahora como en el pasado, los kurdos esperan alcanzar sus objetivos y si es verdad que el suní Sadam Huseín les combatió, no es seguro que entre la mayoría chií haya simpatía por su causa (un Estado independiente y, entretanto, una región autónoma). Sobre todo si, como es seguro, mantienen su reivindicación sobre Kirkuk, asunto, por cierto, siempre aplazado y que estallará en su día.

La conclusión es simple: esta especie de Estados generales convocados por Al Maliki han servido para bien poco y, sobre el papel, habrán decepcionado a Washington, salvo que tengan cláusulas secretas, un plan B.