Si finalmente el Ejército turco invade el norte de Irak para dar un escarmiento a los guerrilleros kurdos del PKK, será más para disgusto del Gobierno turco que de los propios guerrilleros. Al Ejecutivo islamista pero pro-occidental de Erdogan no le hace ninguna ilusión esta guerra y se le nota. Una invasión sería el fin de las esperanzas (ya muy tenues) de entrar en la Unión Europea, además de incurrir en la ira de Washington, algo que nunca conviene.
Quien tiene interés en este conflicto es el Ejército turco, siempre atento a cualquier cosa que pueda minar a este Gobierno islamista que no le gusta. Los militares saben que el partido de Erdogan ha tenido muchos votos en el Kurdistán turco y que en el Parlamento recibe el apoyo de los 20 diputados kurdos del Partido de la Sociedad Democrática (DTP). Es cierto que el PKK ha intensificado sus emboscadas en las últimas semanas, pero también lo es que existe un insólito bum económico en las empobrecidas provincias turcas fronterizas con Irak.
El comercio ronda ahora mismo los cinco mil millones de dólares y hay contratos firmados por otros quince mil millones más. Si los militares esperasen un par de meses, ni tendrían que intervenir. Para entonces, la nieve cerrará los pasos del Kandil, sellando la frontera a las infiltraciones del PKK. Pero los militares quieren guerra, literalmente.
En el Kurdistán iraquí no parecen demasiado inquietos con esa posibilidad. La geografía montañosa descarta en principio una invasión terrestre a gran escala, por lo que se cree que los turcos se limitarán a bombardear las posiciones de la guerrilla desde el aire.
El relevante papel kurdo
Esa amenaza no es nada para quienes han soportado la guerra Irán-Irak y decenios bajo Sadam Huseín. Lo que les preocupa en este momento es el referendo que el mes que viene decidirá el futuro de la ciudad de Kirkuk y cuyo resultado más o menos tienen garantizado (por si acaso, han desplegado 8.000 milicianos en los pozos de petróleo). Con el Gobierno de Al-Maliki a punto de caer en Bagdad, los kurdos iraquíes son perfectamente conscientes de que Estados Unidos depende de ellos completamente y más aún si en la Casa Blanca se vuelven locos y deciden atacar Irán.
Todo está listo, pues, para este nuevo episodio de farsa política en el que se invocará una vez más el terrorismo para justificar lo que es simplemente una maniobra de los militares turcos para poner en dificultades al Gobierno islamista.