Los palestinos comen lo que le interesa al ocupante

Saud Abu / Ofira Koopmans

INTERNACIONAL

26 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Para muchos palestinos, la decisión de Israel de cortar el suministro eléctrico en zonas del norte de la franja de Gaza durante dos horas al día la próxima semana es solo un añadido más a la ya de por sí difícil vida en la zona. Sin embargo, en las calles de Gaza se siente una profunda indignación, que se dirige hacia Israel, pero también hacia los extremistas que casi a diario lanzan sus cohetes contra el país vecino. «En lugar de pensar en aumentar las restricciones, Israel debería pensar en sentarse con los palestinos y acordar una tregua para poner fin a esta crisis», dijo Jamal Asarraj, empleado de un taller en la ciudad de Gaza. «Admito que la situación es horrible y difícil, pero no culpo a los que lanzan los cohetes. Culpo a Israel, porque es el ocupante», añadió, convencido de que si Israel pusiera fin a sus redadas en Cisjordania, no caerían más misiles sobre su territorio. Quince meses después de que Israel cerrara los accesos a la franja, el 90% de las industrias locales han quebrado por falta de materias primas y mercados a los que exportar. Al menos uno de cada tres habitantes está desempleado, según un informe del Banco Mundial publicado el pasado mes. Otro de la semana pasada de la Autoridad Palestina revela que más de tres cuartos de los 1,4 millones de habitantes viven con 500 dólares al mes, o menos, para una familia de siete miembros. Con el fin de evitar una crisis humanitaria, Israel permite la entrada de medicinas y alimentos básicos como arroz, azúcar, aceite, mantequilla, harina y lácteos. Y fruta, después de que el ministro de Agricultura israelí, Shalom Simhon, se quejara de que la congelación del comercio perjudicaba a los agricultores hebreos. Pero otros productos son cada vez más caros y difíciles de encontrar, o incluso imposible. «Se puede encontrar mango, pero no Coca-Cola», dijo con sarcasmo un ciudadano. Paradójicamente, las verduras -tomates, pepinos, patatas, cebollas y coliflores- son muy baratas, porque se cultivan en la zona y ya no pueden exportarse ni a Europa ni a Israel. Los artículos secundarios importados, como pasta de dientes, detergente o pañales, son inexistentes. Y es casi imposible lograr una lápida, aluminio, cemento y madera para la construcción.