La dimensión política de una ONG

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

El dictador del Chad podría usar el caso para alejarse de Francia y acercarse a China

01 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

«Vamos a tratar de encontrar un acuerdo que permita salvar la cara a todo el mundo». Nicolas Sarkozy ha vuelto a desplegar toda su batería negociadora para encontrar una solución al caso de El Arca de Zoé, nombre de la oenegé en Francia, y Rescate de Niños (Children Rescue), en el Chad. Sin olvidar las connotaciones dramáticas que está suponiendo en el país centroafricano para otra organización humanitaria, Salvad los Niños (Save the Children), del Reino Unido, que ahora todos confunden con la gala.

Es curioso que el ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner, uno de los fundadores de Médicos sin Fronteras, defensor a ultranza del derecho de injerencia, se mantenga silencioso. La táctica del Elíseo para conseguir que el Gobierno del Chad, ex colonia francesa, se atenga a los acuerdos bilaterales firmados en 1976 y extradite a los detenidos. Por eso ha pedido ayuda al líder de Libia para rebajar la tensión. Ayer, Sarkozy felicitó a Gadafi por «el éxito de sus esfuerzos mediadores que llevaron a la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno del Chad y los rebeldes el 25 de octubre en Sirte, Libia».

Contingente de la UE

Dorarle la píldora a Gadafi se ha vuelto condición imprescindible para salir de un atolladero que ha puesto en peligro el despliegue del primer contingente de Eufor, las fuerzas europeas, en el Chad. La misión de los 3.000 a 4.000 soldados, la mitad franceses, y entre ellos españoles, estaba prevista para este mes de noviembre. Su función es asegurar corredores humanitarios a los más de 300.000 refugiados de la región sudanesa de Darfur establecidos en la frontera.

Cuatro años de conflicto han dejado más de 200.000 muertos, y un total de dos millones y medio de desplazados. El territorio, en los límites del desierto del Sáhara, donde se hallan los refugiados de Darfur, es de los más remotos e inhóspitos del mundo.

A pesar de que el primer ministro del Chad, Idriss Deby, ha dicho que el escándalo de la oenegé no afectará al despliegue de las tropas, lo cierto es que le ha venido como anillo al dedo para volar la operación militar europea. Dictador sanguinario desde que llegó al poder en 1990, ha modificado la Constitución para seguir gobernando. Sabe que su subsuelo cuenta con petróleo -aún sin explotar-, como en su vecina Nigeria, o uranio, y sus relaciones con China, la nueva gran potencia en África, podrían ser excluyentes con las de la vieja metrópoli, Francia, de la que se independizó en 1960. Y en estas ha caído en sus manos El Arca de Zoé.

¿Ante quién son responsables las oenegés? En los foros internacionales a menudo se han mantenido acalorados debates sobre el tema. Hay organizaciones no gubernamentales creadas para desgravar, para invertir, para, como parece ser este caso, delinquir.

El 28 de abril, la asociación anunciaba querer «salvar 10.000 niños de Darfur». Buscaba «al menos mil familias de acogida para huérfanos de menos de 5 años, porque el derecho internacional lo permite, y es un imperativo moral». La secretaria de Estado francesa, Rama Yade, ha puesto el dedo en la llaga. «Que yo sepa, las oenegés no obedecen a ninguna política; no tienen reglas escritas», ha dicho.