Lo veníamos anunciando desde hacía ya unas semanas y finalmente ha sucedido: el general Musharraf se ha puesto nervioso y ha recurrido a la vieja técnica del autogolpe. A la hora de escribir esta crónica se esperaba la aparición en televisión de este dictador reincidente. Desvelará entonces si siguen en pie las elecciones parlamentarias del año que viene, pero en todo caso ya se puede hablar de una crisis de extraordinaria gravedad y de consecuencias imprevisibles.
En situaciones parecidas, los tanques suelen dirigirse antes que nada al Parlamento y a la televisión, pero en este caso no hacía falta. Era el edificio del Tribunal Supremo lo que los soldados rodeaban ayer por la mañana. Y es que el detonante del golpe ha sido, evidentemente, una inminente resolución de los jueces, que se disponían a declarar ilegal la elección de Musharraf como presidente civil. El general ha decidido recurrir la sentencia antes del fallo por el ingenioso procedimiento de detener a los jueces y sustituirlos por otros?
¿Qué pasará ahora? De momento, parece que el plan que con tanto cuidado se había ido poniendo en pie en Washington y Londres se ha venido abajo. Musharraf iba a compartir el poder con Benazir Bhutto, quien, después de unas elecciones convenientemente amañadas el año que viene, se convertiría en primera ministra. Esto habría dado a Pakistán una apariencia democrática, al tiempo que permitiría a Musharraf seguir gestionando la política dura de guerra contra el terrorismo que le exige Washington. Nadie contaba con la ley, lo cual se comprende, considerando el poco caso que se le suele hacer en Pakistán. Pero los jueces, en parte por dignidad y en parte por venganza corporativa frente a las humillaciones a las que les ha estado sometiendo Musharraf, han dejado en evidencia el truco.
A favor de los talibanes
No hay que tomarse demasiado en serio las mesuradas expresiones de preocupación de Condoleezza Rice. Es probable que el golpe tenga luz verde de Washington, pero aún no siendo así, para los norteamericanos es un alivio. El atentado que sufrió la comitiva de Benazir Bhutto a su regreso del exilio les reveló ya hasta qué punto Pakistán no está para fontanerías políticas. Una reciente encuesta secreta ha venido a confirmar que cuatro de cada cinco paquistaníes están en contra de la «guerra contra el terrorismo», mientras que todo el oeste del país se encuentra en abierta rebelión a favor de los talibanes. El Ejército paquistaní sufre un revés tras otro, incapaz no ya de hacer lo que Washington le pide (sellar la frontera con Afganistán), sino siquiera de moverse tranquilamente por los llamados territorios tribales. Este autogolpe no ayudará a Musharraf a ganar la guerra que le ha declarado medio país, pero al menos le permitirá cerrarle la boca al otro medio. Y todavía hay quien se preocupa por Irán?