«Perdió las ganas de vivir, no quiere comer»

M.P.-P.

INTERNACIONAL

29 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Manuel Mancera, sacerdote de El Capricho, pequeña población en el selvático departamento del Guaviare, anunció que «entre 200 y 300 guerrilleros acordonaron el puesto de salud» para que Ingrid Betancourt recibiese atención médica el pasado mes de febrero.

La declaración confirma las preocupaciones expresadas hace dos días por el Defensor del Pueblo, Vólmar Pérez, quien aseguró que la vida de Betancourt estaba en peligro, pues, al parecer, sufre hepatitis B y lesmaniashis. «Me da rubor», expresó Pérez, «pero alguien me dijo que sus características físicas no distan mucho de la de los niños de Somalia».

«Ingrid perdió las ganas de vivir», aseguró Mancera tras oír testimonios de campesinos. Y añade que ella ha llegado al último grado de depresión. «No quiere hablar con nadie, ni quiere seguir comiendo, llora mucho, no quiere saber nada de este mundo, está muy demacrada», sostuvo Mancera.

Luis Eladio Pérez, ex congresista liberado el 27 de febrero, ya había prendido las alarmas sobre el estado de salud de la ex candidata presidencial, con quien compartió años de cautiverio y a quien tuvo la oportunidad de ver «cinco minutos» unos días antes de ser entregado al presidente Chávez. Pérez dijo que ella estaba mucho peor de lo que aparece en la foto que dio la vuelta al mundo en diciembre. Muchos temen que Ingrid simplemente se esté dejando morir, pues algunos liberados han anotado que apenas come, según ella explicó a su madre en la última prueba de vida, donde anotó que se sentía «muerta en vida».