«Polonia es el único país europeo con el que Francia no se ha enfrentado jamás», decía no hace mucho Nicolas Sarkozy. No es cierto (estuvieron en guerra en 1783), y en todo caso puede que se enfrenten ahora. De momento, Polonia ya ha estropeado la puesta de largo de París en el primer día de su Presidencia rotatoria de la UE.
El asunto es aún más hiriente para Sarkozy, puesto que fue él en persona quien consiguió que Polonia aceptase el Tratado de Lisboa.
Ayer, un portavoz francés intentaba quitarle importancia a la declaración del presidente polaco de que ahora no firmará el Tratado, alegando que «solo ha dicho que de momento». Pero desde Polonia les recomiendan que revisen la traducción: Kaczynski ha dicho que no firmará, punto.
El cambio de actitud del presidente polaco tiene lectura interna. Desde aquella promesa a Sarkozy, el partido de Kaczynski ha perdido las elecciones, por lo que el ultraconservador encuentra rentable políticamente retroceder al euroescepticismo frente al euroentusiasmo de su primer ministro y rival, Donald Tusk.
Kaczynski cuenta con el apoyo de la República Checa, donde, por cierto, se da una situación parecida: un presidente euroescéptico y un primer ministro proeuropeo.
Reprimenda de la Comisión
El nuevo empeño hiperactivo del más hiperactivo de los presidentes, en todo caso, no empieza bien, y no solo por esto. Al bofetón de Polonia le siguió de inmediato una reprimenda de la Comisión Europea, a la que ha molestado que Sarkozy hiciese un canto al proteccionismo, sobre todo en la agricultura.
Alemania también se mantiene a la expectativa, tras el intento francés de una unión euromediterránea en el flanco sur de la UE, un proyecto que los alemanes consiguieron hacer naufragar (demostrando de paso quién manda en la Unión Europea), pero que ha dejado a Angela Merkel llena de suspicacias respecto a Sarkozy.
El dirigente galo, pues, tendrá que maniobrar con cuidado en esta presidencia europea que él se plantea como una oportunidad para recuperar el papel destacado en Europa que Francia perdió tras su no en el referendo del 2005.