Con la visita sorpresa a Bagdad de Condoleezza Rice, EE.?UU. ha anunciado que sus tropas de combate se retirarán de las ciudades iraquíes para finales del 2011. Para la Casa Blanca, este es un «objetivo deseable», siempre y cuando las condiciones sobre el terreno sean «relativamente estables».
Los oficiales iraquíes que se entrevistaron con Rice han interpretado que se trata de una retirada. O no han leído entre líneas, o no han tenido acceso al texto final. En todo caso, se trata de un anuncio que supone un balón de oxígeno para el primer ministro Al Maliki, atosigado por la firma de un acuerdo preferencial con las grandes petroleras norteamericanas.
Bagdad sabe que supondría su sentencia de muerte, y se resiste a pasar el trámite. Además, el Gabinete de Al Maliki, compuesto en su mayoría por chiíes, está echando de las patrullas conjuntas a muchos líderes suníes. Estos últimos, antiguos cabecillas de grupos insurgentes que han pasado a cobrar un salario fijo de la Administración controlada por Estados Unidos, han sido la clave de la pacificación de Irak, tal y como se ha visto en los últimos tiempos.
En la última semana, Estados Unidos ha sufrido dos reveses de enorme magnitud: en el Cáucaso y en Pakistán.
El campo de batalla de la ideología n eocón de la Casa Blanca se centra en «salvar los muebles» tras ocho años de Bush, en Afganistán e Irak, donde comenzó todo tras el 11 de septiembre.
De todas formas, incluso si hay retirada en Irak, el acuerdo deja abierta la posibilidad de que «expertos y fuerzas de apoyo norteamericanas puedan permanecer el tiempo que consideren necesario».