El presidente transmite su encanto sin seducir

Arturo Lezcano

INTERNACIONAL

07 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Tomadas como un test de fuerza para un presidente convertido en uno de los líderes más populares del planeta (80% de aprobación popular), las elecciones del domingo dejan la percepción de que el apoyo al presidente Lula da Silva, aunque obvio, es desigual en el ámbito local, y que en las grandes ciudades el triunfo tendrá que pasar por el peaje de una segunda vuelta.

Por más que se le quieran dar tintes ideológicos, es evidente que desde hace media legislatura Lula es Lula con mayúsculas y el resto, aunque salgan de su brazo en la foto, no siempre logran imponer su carisma.

Y más en un terreno como el municipal, en el que las siglas y coaliciones valen su peso en oro. Lula se puede dar por satisfecho con el triunfo global del Partido de los Trabajadores (PT) y sus aliados, especialmente el del centrista Partido de Movimiento Democrático (PMDB), pero estará preocupado por la situación de São Paulo.

La letra pequeña

Al contrario de lo que se pueda pensar, el PT no era, ni es, el partido más votado en las municipales. Visto desde ese prisma, triplicar el número de alcaldes urbanos, como ha sucedido, es un triunfo rotundo. Pero si nos acercamos al mapa de un país de dimensiones continentales como Brasil vemos la letra pequeña: el éxito se repite en la región más lulista, la del norte y el nordeste, y según nos acercamos al sur, la zona más rica del país, el color va cambiando.

El caso de São Paulo es el más palmario: allí Marta Suplicy, una de las protegidas del presidente, cosechó un resultado muy inferior al pronosticado, y parte en desventaja para la segunda vuelta respecto al candidato opositor.

São Paulo es capital para Brasil, no solo en términos económicos, sino también en lo político, como vértice del triángulo que completan Belo Horizonte y Río de Janeiro.

Dilma Rousseff

En la primera de las ciudades citadas, dos aliados de Lula compiten por el bastón de mando y en la segunda, un oficialista a medias domina sobre el sorpresivo Fernando Gabeira, un ex guerrillero, como la candidata que Lula da Silva pretende postular a la Presidencia de Brasil en los comicios del 2010, Dilma Rousseff, cuyo éxito futuro dependerá en cierta medida de cómo quede el intrincado mapa local brasileño.