El presidente francés pide en los tribunales que se retire del mercado un muñeco con su imagen para practicar mal de ojo
24 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Nicolas Sarkozy se ha tomado tan en serio la comercialización de un muñeco de vudú con su efigie que ha denunciado a la editora. El Tribunal de Gran Instancia de París decidirá hoy si lo retira o no del mercado.
Un manual de instrucciones y doce agujas completan los 20.000 lotes que Ediciones K&B sacó a la venta el pasado día 9 al precio de 12,99 euros. La propuesta es clavárselas al muñeco, de veinte centímetros, en puntos tan sensibles como el «gentuza» con el que Sarkozy sublevó a los barrios deprimidos en el 2005, el «trabajar más para ganar más» con el que ganó las elecciones y que la realidad ha convertido en quimera, o el «lárgate pobre gilipollas» que le dedicó al hombre que no quiso estrechar su mano.
Ayer, un militante de Educación sin Fronteras fue juzgado por «ofensa al jefe del Estado» por desplegar a su paso una pancarta con esa frase que Sarkozy inmortalizó en el Salón de la Agricultura.
«¿Pensaba que había elegido a un hombre de Estado que reformaría el país y haría brillar a Francia en el mundo y sin embargo sigue sin llegar a fin de mes y sueña con mandar al cuerno esta sociedad de la que solo se aprovechan los ricos?», reza el resumen de contraportada, que remata parodiando antiguos mensajes publicitarios: «Gracias a los sortilegios invocados por la especialista en brujería Yaël Rolognese, ahora puede echarle mal de ojo e impedir que Nicolas Sarkozy provoque más desastres».
Demasiado para el presidente. Su abogado envió hace una semana una carta a la editora. Ante su falta de respuesta, ayer formalizó la denuncia por «violación del derecho a la imagen».
Ediciones K&B juzga la reacción presidencial de «totalmente desproporcionada». Sus responsables se remiten a las palabras del propio Sarkozy cuando defendió la publicación de las caricaturas de Mahoma y dijo preferir «el exceso de caricatura al exceso de censura». Para ellos, «se trata de una cuestión de libertad de expresión».
Frente a la ira presidencial contraponen el humor de la socialista Ségolène Royal, quien recibió su muñeca vudú con sus más sonadas meteduras de pata.