Aubry, el salvavidas del PS galo

Esperanza Suárez

INTERNACIONAL

La inesperada resurrección de la ministra de las 35 horas semanales no intimida a Royal, que sigue aspirando al Elíseo

27 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Royal le horripila, Hollande la exaspera y Delanoë le resulta insoportable. Martine Aubry tendrá que tragarse muchos de sus sentimientos y opiniones si quiere cumplir la misión que asumió ayer formalmente al tomar posesión como secretaria general de los socialistas franceses: recomponer un partido hecho jirones y evitar hacer el ridículo en las elecciones europeas de primavera.

Los que la conocen aseguran que ha cambiado, que ha aprendido a ser más humilde, a escuchar y a trabajar en equipo. Y su triunfo, por escueto que haya sido, ha sorprendido a sus viejos camaradas, que no pensaban que la gran quemada del Gobierno Jospin por su ley de la jornada laboral semanal de 35 horas pudiera recuperar protagonismo político y mucho menos atreverse a perturbar el duelo inicialmente programado entre Bertrand Delanoë y Ségolène Royal.

Reformista y popular

La idea no fue suya. Mujer de convicción, abiertamente reformista desde los principios de la izquierda, popular alcaldesa de una de las primeras ciudades del país? fuerte para imponerse, pero no lo suficiente para inquietar a Dominique Strauss-Kanh, que se encargó de que dos de sus lugartenientes le metieran el gusanillo en el cuerpo desde septiembre del año pasado.

El actual director general del Fondo Monetario Internacional es uno de los pocos que puede contar con la admiración y el respeto de la hija de Jacques Delors. El perfil ideal para prepararle el camino de cara a las presidenciales del 2012 mientras Ségolène Royal se desgasta con un lanzamiento anticipado de su candidatura. Aunque en el vídeo difundido entre sus partidarios la noche de la proclamación de su derrota por 102 votos asegura que «2012 es mañana», faltan más de tres años para la designación de quién deberá disputarle el Elíseo a Nicolas Sarkozy.

Presencia en la calle

Y hace seis que los socialistas se han borrado como oposición. Su desconexión de los problemas de «la Francia que trabaja» es el primero de los frentes en los que tendrá que emplearse a fondo. Digna heredera del pensamiento socialcristiano de su padre, quiere ver banderas del PS en las manifestaciones y que sea el primero en contestar en la calle a la derecha.

Para ello, Aubry deberá primero lavar los trapos sucios en casa. Recibe un partido en estado desastroso que padece males más profundos y antiguos que la última y fratricida escaramuza del Congreso de Reims. Está roto en mil pedazos y no solo por las rivalidades de sus dirigentes.

Los pequeños caciques locales quieren evitar a toda costa que se rompa el equilibrio en sus feudos. Porque a pesar de sus tres fracasos consecutivos en las elecciones presidenciales, el rojo socialista predomina en el mapa de la administración local del país.

Martine Aubry tendrá que acabar de templar su recio carácter para lograr que el PS consiga cambiar antes de la primavera la lamentable visión que ahora tienen de él los franceses. Las elecciones europeas de junio serán una primera reválida en la que no se puede permitir quedar por debajo del 29% de los sufragios conseguidos en el 2004.

El apoyo del Paso de Calé

Ya lloró públicamente una vez, cuando sus paisanos del norte le dieron la espalda y prefirieron enviar a la Asamblea Nacional a un desconocido candidato de la derecha antes que aguantarla como representante. Seis años después suma a la reelección como alcaldesa de Lille el apoyo de la poderosa federación socialista del Paso de Calé, que ha tenido mucho que ver en su aterrizaje en la sede de Solferino.

Solo le da a la derecha unos días de margen para seguir riéndose del psicodrama que ha estado a punto de reventar el partido. A los 58 años ha dejado sobrada constancia de su tenacidad, y su decisión de renovación es tan firme como la de su derrotada rival. Ahora hace falta que Royal, el aparato y los elefantes lo permitan.