La fiesta del cambio se instala en la ciudad de Washington

Tatiana López

INTERNACIONAL

La estrategia de Obama engancha a una juventud que pide otras políticas

19 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Kenneth Frasier nunca pensó que su vida podría toparse algún día con la política. Entrenador personal en la ciudad de Washington y escéptico por naturaleza de las decisiones del Capitolio, desde hace 12 meses, sin embargo, trabaja para el Comité Nacional Demócrata. «Todo paso muy deprisa, vi a Obama y me enamoré de su forma de ser, de cómo se relacionaba con nosotros, de su promesa de cambio». Su caso no es ni mucho menos una excepción. Ejemplo viviente de cómo el próximo presidente de EE.?UU. caló entre una juventud que el pasado 4 de noviembre salía en masa a votar. Como Kenneth, miles de jóvenes continúan estos días enganchados a un movimiento sin precedentes y que comenzaba en las gélidas calles de Iowa.

Fue allí cuando el mundo se dio cuenta por primera vez de que este candidato con aire inocente y lengua de seda podría revertir una tendencia de voto que, tras años de apatía, lo coronaba presidente con el 65% de los votos de los menores de 25. «Básicamente lo que Obama consiguió es que los jóvenes nos identificáramos con él a pesar de que tiene casi 20 años más que la mayoría de nosotros». La que habla es Jessica Shmids, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Baltimore. Esta mujer de 26 años -«que nunca había puesto un pie en un mitin antes del huracán Obama»- sabe como nadie hasta qué punto el hecho de que un candidato sea «adicto a la Blackberry, haya viajado por el mundo y sepa hasta quién es Scarlett Johansson» contribuyó al milagro. «Pero no solo eso -matiza Víctor E., trabajador de una organización internacional y uno de los pocos españoles que participaron en los llamados Obama Campus-. Desde mi punto de vista lo más importantes es que consiguió que la gente no se sintiera culpable por estar cercana al poder sino que se dieran cuenta de que el poder nace de uno y cada uno de nosotros».

Red de voluntarios

Una estrategia que el antiguo senador habría contado desde sus días de organizador comunitario y que le ayudó a tejer una red de voluntarios y trabajadores que todavía está activa. Saber cuánto tiempo durará el encantamiento es complicado. Y es que, más allá de sus discursos, Obama afronta en los próximos meses el reto de tener que responder ante una juventud que, aunque optimista, sabe que se enfrenta también a una de las peores crisis económicas de su historia. «Pero él nos sacará, estoy segura», dice Crhisten Lucks, quien se acaba de quedar sin trabajo. Otros no son tan optimistas. «Habrá que ver qué hace con los matrimonios gais», asegura Shmids, que como lesbiana reivindica su derecho al matrimonio: «Es lo malo que tienen los políticos, da igual que te comprenden, a veces no te pueden ayudar».